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Una cosa de locos

Derechizados

 

Fran Osambela Fran Osambela
21/01/2018

El hecho de que las primeras décadas tras la Transición, las más prósperas históricamente, transcurrieran bajo gobiernos socialistas de Felipe González hizo creer que el nuestro era un país de centro izquierda, de clara mentalidad progresista. En realidad la modernización era imprescindible e impostergable. Europa, y en particular Alemania, nos estaban esperando y apoyando. Aglutinó, por otra parte, a buena parte del mundo intelectual que construyó todo un relato cultural acorde y afín, algo que Sánchez Ferlosio denunció como un suceso extraño, y que Guillem Martínez definió como CT. Entonces se amasó la idea de que el PSOE era el partido que más se parecía a España, mensaje que mal que bien se estiró como un chicle hasta que Zapatero se empeñó en negar crisis y burbujas, dando paso al fin de una ilusión y al inicio del naufragio del estado de Bienestar.

Un poco antes, la mayoría absoluta del PP de Aznar en el 2000 ya mostró una derecha sin complejos dispuesta a reconquistar un espacio que siempre fue suyo. Un poco después, la incertidumbre y el desconcierto que siguieron a la crisis del 2008 han jugado a favor de los populares, pese a recortes y corrupción, corroborando la idea de que el nuestro sigue siendo un país claramente conservador y no tan sociológicamente de izquierdas como se suponía. Las últimas encuestas lo ratifican, incluyendo la irrupción de un partido, Ciudadanos, que pese a sus revoloteos, sabe bien en qué árbol posarse.

Lo decía el historiador Henri Guillemin: la derecha considera que lo suyo no es la política, sino la verdad y lo razonable, mientras lo de la izquierda es solo opinión asociada a demagogia y no a democracia, a debate, en definitiva, a política. Tristemente, quienes deberían defender un estado social no saben salir de sus laberintos. Podemos, que acertó con los diagnósticos, se ha verticalizado, permitiéndose postergar a algunas de sus mentes más lúcidas. Por su parte, Pedro Sánchez no acaba de «reconectar con la España de hoy», quizá ni con su partido. Parece mentira que la prioridad de socialistas y morados fuera desalojar del poder a Rajoy sí o sí. La guinda la ha puesto la matraca catalana, ideal para extender la derechización por el resto del territorio.

Así lo analizó Javier Pérez Royo: «La sociedad española ha demostrado que se deja mandar con facilidad, pero que se gobierna a sí misma con mucha dificultad». Dicho de otra manera: esto es España, amigo. H *Periodista

   
2 Comentarios
02

Por Francisco41 21:55 - 21.01.2018

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Mucha gente se ha dado cuenta de lo que acaba pasando cuando gobierna un partido de izquierdas: sube el paro, suben los impuestos, el déficit público se dispara y las inversiones salen huyendo. Las palabras que dicen los "progresistas" son muy bonitas, pero sólo son palabras. Nada que ver con la realidad. Ese es el motivo por el que la izquierda cada vez está más de capa caída en España. Junto a los coqueteos con independentistas y antisistema de todo pelaje. Y así vamos. El próximo presidente del gobierno no será del PSOE. Será del PP o de Ciudadanos.

01

Por Esloquehay 10:09 - 21.01.2018

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No. Esta España sí era de centro izquierda hace treinta años. Y nadie dio un duro por AP, UCD se disolvió y CDS murió de inanición. Qué fácil es culpar a Franco de los fracasos de la izquierda. No es la herencia, la permanente negación de las élites o de la iglesia o del conservadurismo... Nada de eso existe en los análisis de los años ochenta salvo en los actuales, revisionistas e interesados. Son los errores del felipismo los que demostraron una verdad inalterable hasta hoy... La izquierda no es el bien y la derecha el mal. Había una izquierda que robaba y una derecha con políticos que murieron en la calle. Así que el doberman de Felipe se estrelló. El dogma era falso, y una vez comprobado empíricamente, se desechó en los noventa. Y no lo han superado... Ahora el discurso tiene que cambiar, ya no vale el de 1975. El discurso de buenos y malos daría risa sino fuera por lo desesperante de tantos clichés.