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La rueda

Deseo

 

EMMA Riverola
03/01/2018

Eres niña. Y ya sabes muchas cosas. Sabes que un hombre puede agredirte cualquier noche al regresar a casa. Sabes que puede engañarte y violarte. Sabes que puede matarte si no te rindes a sus deseos. Uno, tres, cinco hombres. Sabes que al dolor y al alivio de seguir con vida deberás sumarle el insulto de los que dudan de tu moralidad. Sabes que debes pensar dos veces si vestirás con esa falda corta o con ese escote profundo, o cómo te expones en las redes.

Para algunos, tu libertad personal se convertirá en la coartada de tus agresores. Mientras aplauden el no-vestido de Pedroche como un gesto de libertad personal, obviando la repercusión/responsabilidad social de perpetuar el cuerpo femenino como expresión del valor profesional.

Eres niña. Y te dicen que vales más o menos según la belleza y la exposición de tu cuerpo. Ese cuerpo que te hace vulnerable, que te convierte en presa, que hace que la noche sea más oscura y esté poblada de monstruos.

Eres niña. Y sabes que las batallas se libran sobre tu cuerpo. También la voracidad del mercado se pasea sobre él, tratando de cimentar tu felicidad en la capacidad de sentirte atractiva y, por tanto, deseada.

Una lucha imposible contra el tiempo. Un combate estéril contra una idealización que no eres tú. Una derrota que se supone inyectada desde tu nacimiento. Hasta que sepamos decir basta. Hasta que aprendamos.

Eres niña. Y no eres mercancía.

*Escritora