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Editoriales

Las labores de Eduardo Mendoza May quiere pilotar con mano firme


21/04/2017

 

En el acto de concesión del Premio Cervantes, Eduardo Mendoza pasó revista a su relación vital e intelectual con El Quijote y remarcó de manera especial la «constante cervantina» de su obra. En resumen, «dar vida a lo que sin la ficción sería un mero dato». La producción literaria de Mendoza se caracteriza por una combinación excelente de la tradición novelesca, el humor, la ironía y la libertad estética, en una línea que le hace deudor del legado de Cervantes y que contempla el humor como «una perspectiva más allá de lo inmediato», es decir, como una forma de conocimiento y aprehensión del mundo. Eduardo Mendoza, como ya se ha reconocido en alguna ocasión, refleja en sus novelas –como en La ciudad de los prodigios – «el carácter caleidoscópico y mestizo de la ciudad», en este caso de Barcelona, y consigue crear, desde la picaresca y el retrato histórico, desde la parodia al retrato de costumbres, un referente literario de primer orden, la creación de un mito con muy amplia repercusión internacional.

El flamante Premio Cervantes ha accedido al honor del galardón más prestigioso de las letras hispanas por su larga trayectoria y gracias a una insobornable defensa de la literatura, sin afectación ni engolamiento, como «goce del relato». Como él mismo remarcó al final de su discurso, se dedica a «sus labores». Que son, ya lo dijeron los clásicos, escribir, enseñar y deleitar.

Con la negociación del brexit vienen muchas curvas políticas y Theresa May quiere poder sortearlas con mano firme: un mandato de las urnas que le dé la legitimidad electoral de la que carece y una mayoría amplia. A favor de la convocatoria electoral anticipada de tres años la primera ministra conservadora tiene unos sondeos que le dan más de 20 puntos de ventaja sobre el Partido Laborista que está profundamente dividido. Solo ahora los liberaldemócratas empiezan a salir del agujero al que les llevó el enorme batacazo electoral del 2015, y el UKIP, hecho el trabajo de demolición sobre la pertenencia del Reino Unido a Europa, no tiene ni programa ni líder, mientras los partidarios de seguir en Europa carecen de organización y liderazgo. Mejor para May, imposible. Una amplia mayoría en las elecciones del 8 de junio como la que hoy constata el radar demoscópico le dará más fortaleza para negociar el brexit y, al mismo tiempo la salvará de pagar un precio electoral en el caso de que tenga que doblegarse demasiado ante Bruselas. Sin embargo, en estos tiempos revueltos, la realidad cambia a gran velocidad y en términos británicos una campaña electoral de 50 días es mucha campaña. El Reino Unido es hoy un país enormemente dividido a causa de Europa y la actitud personalista de May no contribuirá a unir. Más bien todo lo contrario.

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