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MARÍA JOSÉ Cabrera MARÍA JOSÉ Cabrera 11/06/2007

La madrugada del martes me robaron la esperanza. Fue durante una noche de insomnio mientras jugaba a atrapar un sueño que me llevara a descubrir paisajes encantados. La radio, cómplice de tantas horas compartidas, me trajo la voz de alguien anunciando que ETA había roto la tregua permanente (?) y estaba decidida a volver a matar. En ese momento, sentí que me arrebataban la esperanza y, ¿saben?, es algo tan íntimo, tan personal, tan vital para mí; me ha ayudado tantas veces a recorrer el tortuoso camino de la vida que pido, por favor, a los que me la robaron, hagan lo posible por devolvérmela. Solo tienen que buscar entre quienes creyeron que el proceso de paz abierto por el Gobierno era el método mejor para conseguir erradicar el terrorismo, entre quienes estaban convencidos de que el esfuerzo merecía la pena, como lo merecieron intentos anteriores de Felipe González o José María Aznar. Allí me encontraran, perdida entre millones de españoles que, como yo, se sienten desorientados, atemorizados por la amenaza etarra. Hoy lunes se reúnen Zapatero y Rajoy; a lo mejor de ese encuentro puede salir alguna pista que me lleve a recuperar lo que me robaron unos asesinos disfrazados de defensores de la Patria Vasca. Mientras espero a conocer el resultado del encuentro de hoy me pregunto por qué si tras un atentado marchamos todos juntos contra el terrorismo, venga de donde venga, no podemos hacerlo antes para intentar acabar con esa lacra que tantas vidas se ha cobrado ya. No acabo de entenderlo. O sí, pero es mucho más doloroso. Periodista

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