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Sala de máquinas

Ramón y Cajal, ejemplo de genio sin recursos

 

Juan Bolea Juan Bolea
19/06/2017

Los desgraciados recortes presupuestarios derivados de la última y (dicen) superada crisis económica han afectado a numerosos proyectos de investigación en España. Que siempre ha sido, aunque muchos no lo sepan, un país puntero en estas vanguardias, con varias generaciones de científicos ligadas a muchos de los descubrimientos más asombrosos en materia biomédica y génetica, cuántica, espacial, nuclear, etcétera...

Los medios materiales al servicio de la investigación no siempre (más bien, casi nunca) han ido al par de nuestros talentos. Gráfico ejemplo de ello sería el que nos relata el neurólogo Esteban García-Albea en su nuevo trabajo Su majestad el cerebro. Historia, enigmas y misterios de un órgano prodigioso (Editorial La Esfera de los libros).

En la Residencia de Estudiantes, en los años 20, se daba un incesante trasiego de científicos extranjeros de enorme renombre. Acudían a visitar al gran Santiago Ramón y Cajal. El sabio aragonés recibía en su laboratorio a Penfield, De Fano, Turquini, D’Ancona, Brusco o Myskolczy, algunos de los cuales llegarían a ser Premios Nobel en materias como neurología, microglía o histología. Sin excepción, todos se asombraban de la modesta dotación técnica del laboratorio. Carencias, abandonos y frustraciones que Cajal intentaba suplir con su extraordinaria inteligencia y voluntad, consiguiéndolo, incluso, en algunas ocasiones.

Oímos con frecuencia decir a nuestros políticos que España es un gran país. Y es cierto, pero no es verdad que sea una gran potencia. Para ello debería invertir mucho más en investigación y desarrollo, apostando por las materias en que los científicos españoles destacan en mayor medida, tanto como Esteban García-Albea viene destacando en la Universidad de Alcalá, donde imparte clases de Neurología.

Su majestad el cerebro, siendo un libro de divulgación, resume y expone con precisión y claridad los principios de su conocimiento y las actuales investigaciones, desde las primitivas técnicas frenológicas a los complejos estudios computerizados que tratan de atribuir las funciones intelectuales a determinadas zonas cerebrales, y a comprender el funcionamiento de las neuronas.

Un reto que ya apasionó al gran Ramón y Cajal y que sigue interesando hoy a la comunidad científica, lastrada por la cicatería inversora.

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3 Comentarios
03

Por Don Minervo 17:57 - 19.06.2017

Los desgraciados recortes presupuestarios del PP (que siempre se le olvida escribir estas dos letras)los ha habido para muchas cosas para otras no. No obstante estoy de acuerdo que Han afectado mucho a la investigación como a tantos otros órdenes. Decir tengo que me he molestado en buscar Penfield, de Fano, Turquini, D'Ancona, Brusco y Myskolczy y solo he encontrado a Penfield y no ha sido premio nobel, tal vez no he buscado lo suficientemente bien. De verdad conocía usted a estos señores sr. Bolea???. No sabía que también era usted experto en científicos.

02

Por manuel garcía gracia 12:34 - 19.06.2017

A lo largo de la humanidad ha habido muchos ejemplos de personas que, sin recursos, o muy escasos, han conseguido grandes logros, pero, también es cierto, que con ayudas institucionales, estos habrian sido más rapidamente obtenidos, sin contar los que no pudieron salir adelante. Los que tienen dinero no son muy partidarios de ayudar a la investigación, porque, equivocadamente piensan, que ellos, con dinero, tienen acceso a los mejores tratamientos. Hay que preguntarse, ¿porqué hay gobiernos con esta filosofia? ¿Tiene algo que ver la ideologia?

01

Por migas 9:50 - 19.06.2017

Tiene razón el Sr. Bolea, como acostumbra. Hace años un colega me explicó su viaje a Francia en el que visitó a un famoso neurobiólogo; estaba asombrado de que en su consulta privada tenía mejor utillaje que el empleado por el sabio. Yo le respondí dándome un golpecito en la frente y diciéndole: "Es que el laboratorio de verdad está aquí". No volvió a saludarme.