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El Zaragoza y el poder de las buenas dinámicas

 

El Zaragoza y el poder de las buenas dinámicas -

Sergio Pérez Sergio Pérez
07/03/2018

Cuando el debate público en torno al Real Madrid era implacable con Zidane y le conminaba a cambiar de sistema para prescindir de alguno de los jugadores de la BBC para que el equipo blanco fuese más compacto, que luego la práctica desmontó esa teoría, Carvajal soltó lo siguiente: «Los sistemas dan igual. Si los once jugadores que salen, trabajan y lo dan todo, da igual el esquema». Seguramente, al lateral derecho se le fue la mano en su declaración porque, evidentemente, sí importan: son una pata significativa de un equipo, un ecosistema en el que once jugadores deben sentirse cómodos para optimizar sus aptitudes, esconder sus defectos y lograr que sus rendimientos alcancen máximos de forma coral. Sin embargo, detrás de la declaración de Carvajal, que seguramente huía de la dogmatización, hay muchas certezas: alrededor de los sistemas de juego existen otras variables tanto o más influyentes en la productividad de una plantilla.

En la recuperación del Zaragoza en la segunda vuelta, el rombo de Natxo González ha tenido un papel relevante porque ha sido el traje que ha hecho más guapos a sus jugadores. Las piezas han encajado con la finura de un sastre y ese ensamblamiento colectivo ha producido magníficos resultados, que es la vara de medir el éxito en el deporte profesional. Sin embargo, ha habido otros agentes importantes que han confluido en el tiempo, cuya suma ha producido esta racha victoriosa y que, al principio de Liga, cuando el juego apuntaba en la buena dirección, resultaron hostiles, evitaron que el equipo enlazara triunfos, creciera y lo sumergieron en un mar de dudas.

Dudas que se han transformado en convicción, deseo, fe y una fuerza mental tremenda, el principal motor del que ahora se alimenta este equipo. El entrenador lo verbalizó así. «Da la sensación de que puedes con todo». Aquellos detalles que tanto penalizaron al comienzo y que cayeron en contra, ahora caen a favor. Y en Segunda deciden el signo de muchos partidos. «Ese pelín de suerte de que el rival no mete los goles», lo llamó ayer Pombo con franqueza aragonesa. Las buenas dinámicas de toda la vida.