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TRAGEDIA EN PORTUGAL

Llamas mortales

El drama tuvo origen natural, una tormenta seca con abundante aparato eléctrico declarada en la zona. Un violento incendio forestal causa al menos 61 fallecidos y 62 heridos en Pedrógão Grande

EL PERIÓDICO
19/06/2017

 

Una trampa mortal, una ratonera sin escapatoria. La carretera secundaria N-236 se convirtió el sábado en la ruta del infierno en Portugal: 61 personas resultaron muertas y otras 62 sufrieron heridas de diversa consideración al quedar atrapadas en sus vehículos rodeadas por las llamas de un violento incendio forestal. El fuego se declaró en el municipio de Pedrógão Grande, en el centro del país, y devoró todo lo que encontró a su paso, alimentado por el fuerte viento. El drama, que ha conmocionado a medio mundo, tuvo origen natural, una tormenta seca y con abundante aparato eléctrico declarada en la zona a primera hora de la tarde.

Familias enteras se vieron sorprendidas y quedaron atrapadas por las llamas dentro de sus coches, decenas de carreteras tuvieron que ser cortadas al tráfico, casas y árboles carbonizados y vecinos desalojados de sus viviendas. Portugal amaneció ayer en estado de shock. La zona devastada, caracterizada por aldeas pequeñas y dispersas y por enormes llanuras por las que atraviesan diversas carreteras nacionales (y una autovía), es una comarca de colinas cubiertas con bosques de eucalipto y pino, que ha quedado por ocultos bajo un manto negro de luto.

PUEDE HABER MÁS MUERTOS / El alcance de daños es todavía impredecible. El primer ministro, el socialista António Costa, ya ha avisado de que en las próximas horas puede «lamentablemente» incrementarse el número de víctimas del incendio. «Las previsiones meteorológicas para esta tarde [del domingo] son idénticas a las que provocaron el siniestro», declaró. Costa hizo un llamamiento a la población para que siga a rajatabla las instrucciones de las autoridades porque «la situación aún no está concluida» y el fuego sigue activo. Las víctimas están siendo buscando «aldea por aldea», ha asegurado.

Visiblemente abatido, el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, compareció por la noche en una intervención televisada en la que declaró tres días de luto oficial e instó a los portugueses a tratar de sobreponerse a la tragedia. «Hay que seguir combatiendo el fuego y hay que dar una respuesta a los supervivientes, realojarlos y conseguirles compensaciones», dijo. El presidente mostró también su impotencia «porque esta tragedia haya ocurrido, justamente, en una zona rural del país, donde vive una población envejecida, que es más difícil de contactar y de salvar».

Solo en el tramo de carretera entre las aldeas de Figueiró dos Vinhos y Castanheira de Pera murieron más de 40 personas atrapadas en sus coches. «Fueron apenas unas fracciones de segundo», relataban los supervivientes. Otros 17 cuerpos fueron hallados en las cunetas y los alrededores de la carretera. En la aldea Pobrais, al oeste de Pedrógão, ya en otro flanco del incendio, fueron halladas muertas otras 11 víctimas. Tal es la envergadura del desastre, un incendio forestal que ya ha sido declarado más mortífero que ha habido en la historia reciente de Portugal, que la Unión Europea ha activado el mecanismo comunitario de protección civil para proporcionar ayuda al país luso.

El debate ahora en el país versa sobre qué opciones había para haber evitado la tragedia si no se hubieran aplicado tantos recortes presupuestarios en los últimos años. «¿Estáis viendo lo que ocurre por haber acabado con los servicios forestales»?, preguntaba en el diario Publico, el profesor de la Universidad de Coimbra, Jorge Paiva. «Esta tragedia se debe a un conjunto de situaciones atmosféricas imprevisibles, entre otras cosas, porque se produjeron de noche, lo que impidió la intervención de los medios aéreos para combatir el fuego», reflexionaba en el mismo periódico Fernando Santos Pessoa, especialista en masas forestales.

Otras voces periodísticas cuestionaban, en los diarios y las televisiones portuguesas, la celeridad con que habían actuado los cuerpos de seguridad. «¿Es posible que una población, los cuerpos de bomberos, las fuerzas policiales o los responsables políticos habituados a lidiar con la devastación de los incendios forestales no pudieran predecir lo que ocurrió? ¿Cómo fue posible que se hayan dejado aldeas remotas sin evacuación? ¿Por qué no se suspendió el tráfico en las carreteras de riesgo? ¿Por qué no hubo ayuda de otras corporaciones de bomberos?», son algunas de las preguntas a responder.