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una sentencia pionera

Víctor ya tiene tarjeta censal

 

Víctor y su madre, tras conocer la sentencia, en mayo del año pasado. - Foto: MIGUEL LORENZO

25/04/2015

Fue el 15 de mayo del año pasado cuando Víctor Díaz recuperó el derecho de voto tras una larga odisea judicial. Apenas nueve días después hacía uso de su derecho de sufragio en las elecciones al Parlamento Europeo. Víctor, joven de Gandía de 26 años, había perdido el voto a los 22, cuando el juez le aplicó una incapacitación total. Disconforme y dolida con la resolución, su familia coraje inició una odisea por los juzgados y llegó al Congreso a explicar su caso. Estaba dispuesta a llegar hasta la última instancia judicial, aunque afortunadamente no hizo falta.

Cuando los padres de Víctor recurrieron la sentencia ante el Juzgado de Primera Instancia de Gandía, el forense sometió al joven a un examen que duró 10 minutos. Le preguntó nombres de presidentes del Gobierno y si su familia le había influido a la hora de votar. Un mal trago que no le sirvió para recuperar el voto. El juez volvió a denegar la incapacitación parcial. Entonces la familia apeló a la Audiencia de Valencia, donde otro forense hizo pasar a Víctor por un examen similar. Cuando creían que la resolución iría en la línea de las anteriores, el juez la Audiencia restituyó a Víctor el derecho de voto. Le preguntó al chico si quería votar, a lo que Víctor respondió: "Claro".

El juez antepuso la Convención de la ONU a la ley electoral española, y es por ello que la sentencia del caso de Víctor marcó un antes y un después. La resolución también mencionaba una sentencia del Tribunal Supremo del 2013 según la cual "es posible la incapacitación y la reserva al incapaz de este derecho, pues una cosa es que una persona no pueda regirse por sí misma ni administrar su patrimonio y otra distinta que esté impedido para ejercerlo correctamente".

A pesar de la victoria legal, Marisa, madre de Víctor, está todavía pendiente de la reforma legislativa que acordó el Congreso porque todavía hay miles de personas sufriendo la privación que sufrió Víctor. El día de la última sentencia quiso recordar que "los hijos discapacitados son iguales a los otros hijos, tienen los mismos derechos, viven en el mismo mundo y tienen que participar en él".