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Economía / Aragón

Crecimiento a dos velocidades

La comunidad va bien pero a la mayoría de los aragoneses no tanto por los bajos salarios y el empleo precario

 

Movimiento de mercancías en la Terminal Marítima de Zaragoza (TMZ), situada en el Mercazaragoza. - silvia canut

JORGE Heras Pastor
02/01/2018

Aragón va bien, pero no le va tan bien a la mayoría de los aragoneses. La economía regional ha cerrado el 2017 en positivo y consolida la senda de la recuperación que ha seguido en los últimos años, en línea con el comportamiento del conjunto de España. Tras un moderado 2016, casi todos los grandes indicadores de actividad y empleo lucen un mejor lustre, empezando por la evolución del producto interior bruto (PIB), que muestra una aceleración del ritmo de crecimiento gracias, sobre todo, a la reactivación de la industria y a las exportaciones, Las cicatrices de la crisis, sin embargo, siguen abiertas y la desigualdad crece a pesar del mayor dinamismo económico.

Como telón de fondo, emerge con fuerza la incertidumbre derivada de la crisis política en Cataluña, cuyos efectos son impredecibles a la par que temidos en Aragón por la estrecha relación comercial y económica de ambas comunidades. Esto ha hecho que se moderen las previsiones de crecimiento para el 2018, que la DGA sitúa en el 2,5% –entre el 2,4% previsto por el BBVA y el 2,9% de Funcas– y el más optimista 3,1% de Ibercaja.

Con el nuevo año se cumple una década del inicio de la gran recesión, que a Aragón llegó con toda su virulencia en la parte final del 2008, con algo de retraso respecto al resto del país por los efectos balsámicos de la Expo. En este tiempo, la comunidad ha logrado regresar a la casilla de salida del inicio de la crisis en cuanto a riqueza (PIB), pero no ha recuperado el nivel de empleo que tenía. Dicho de otra manera, produce tanto como antes pero con alrededor de 60.000 ocupados menos. Harán falta entre dos o tres años para que el mercado laboral también se reponga.

Lo que sí mejora a buen ritmo son las cifras de paro. Aragón se ha situado en el tercer trimestre del 2017 como la segunda comunidad con la tasa más baja de desempleo, con el 10,5% y 66.900 personas sin trabajo (según datos de la EPA), cerca incluso de los niveles previos a la recesión. Cabe recordar que en el 2014 este porcentaje se disparó hasta casi el 23% (148.400 desempleados). Sin embargo, a esta reducción no solo contribuye la recuperación económica, sino también la pérdida de población activa –el número de ciudadanos en disposición de trabajar–, que ha caído en cerca de 40.000 personas desde finales del 2008 por el envejecimiento (hay ya más de 300.000 pensionistas) y la emigración de mano de obra.

Si hace dos años el mayor problema era que no había empleo, ahora se habla más de la calidad del mismo y de los salarios. No en vano, uno de cada seis trabajadores por cuenta ajena en Aragón cobra menos de 735 euros brutos al mes con 14 pagas y uno de cada cuatro no llega a mileurista. Además, la mitad de los parados no perciben ningún tipo de prestación. Por ello, los sindicatos ponen el acento en reactivar la agenda social para regenerar el mercado de trabajo y el Estado del Bienestar. Las organizaciones empresariales, por su parte, centran sus demandas en rebajar la presión fiscal.

La industria aragonesa es la piedra angular sobre la que se asienta la mejor posición relativa de la comunidad en bienestar y riqueza dentro del mapa español. Este gran activo goza, por lo general, de buena salud y múltiples proyectos para instalar nuevos centros productivos o ampliarlos. Entre ellos, destacan los de la papelera Gomá Camps en Ejea de los Caballeros, Samca en Barbastro, Monzón y Ariño, Envases Petit en Fraga o Sevasa en Alcorisa. También grandes compañías como Saica, BSH o La Zaragozana están desarrollando relevantes proyectos plurianuales de inversión o expansión.

La mayor tensión en la industria afecta a su principal motor, la planta de Opel de Figueruelas. Aunque la carga de trabajo actual es óptima, la factoría arranca el año enzarzada en la negociación del nuevo convenio por el ajuste salarial que quiere aplicar la compañía, cuyo efecto en cadena se teme en las auxiliares. De la resolución del conflicto dependerá su futura cartera de pedidos.

Mirando al cielo / De todos los sectores hay dos que están que se salen: la agroalimentación y las energías renovables. El primero atesora grandes inversiones –Guissona en Épila (4.000 empleos), la italiana Pini en Binéfar (1.600 empleos) o Grupo Jorge en Zuera (2.000). No cabe duda de que el porcino vive una época dorada, principalmente por el tirón de sus exportaciones, y se nota en los numerosos planes de nuevas granjas que hay por todo el territorio y en la pujanza de las compañías locales ligadas a este ganado, como el mencionado Grupo Jorge, Piensos Costa, Fribín, Mazana, Cincaporc o Arcoiris.

En el caso de las renovables, la comunidad aragonesa vive una euforia inversora que protagonizan las empresas Forestalia y ACS (Cobra). Este año empezarán las obras de los cerca de 3.000 megavatios (2.200 eólicos y 800 fotovoltaicos) que está previsto que se instalen en la región hasta el 2020 al calor de las subastas del Gobierno central.

La construcción y la logística también están en racha. Mientras, los agricultores encaran el 2018 mirando al cielo y esperando que llueva para hacer frente a la severa sequía, que está provocando pérdidas millonarias en el campo. En paralelo, se siguen ampliando los nuevos regadíos. Todo se verá en el nuevo año.