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REPORTAJE

Un cúmulo de despropósitos

El continuo empeño de la DGA por reivindicar --sin éxito-- el patrimonio emigrado en Cataluña desde su justa legitimidad contrasta con una gestión llena de fracasos de los valores culturales que están en Aragón

 

A. I. I.
01/02/2012

El vasto patrimonio de Aragón ha sufrido serios avatares a lo largo de su historia e intensos pleitos y litigios para recuperar los abundantes bienes emigrados que con ahínco e indudable legitimidad se reclaman. Una encarnizada defensa del patrimonio propio depositado fuera --esta defensa es especialmente encarnizada cuando se apelan a criterios sensibles contra una comunidad vecina que se ha apropiado (y conservado) muchos de estos bienes-- y que choca con los innumerables despropósitos institucionales contra el patrimonio que sí está entre los límites aragoneses.

Con el Estatuto del 2007 y una ley propia de 1999 (posterior a la salida del patrimonio que está en otras comunidades que blindaron antes su patrimonio) como principales figuras jurídicas de protección, los litigios existentes han disimulado una tortuosa gestión de los bienes muebles e inmuebles de Aragón. La historia está llena de tristes episodios: un Camino de Santiago amenazado por el embalse de Yesa a pesar de la inversión, una difusa ruta de Goya con el gran museo destinado a la figura del aragonés universal aparcado sin fecha o un espectacular museo Pablo Serrano (uno de los mayores escultores del siglo XX) en cuyos sótanos duerme su colección.

Todo ello ante el silencio institucional y la pasividad social, que sí se altera ante el pleito de los bienes eclesiásticos retenidos en Lérida. Con retraso, se construyó en Barbastro un museo que costó 10 millones de euros a las arcas públicas y que estaba destinado a albergar las obras de las parroquias que nunca llegan. Apenas lo han visitado unos miles de personas.

La cueva de Chaves

Pero hay más. Se actuó con retraso en el expolio anunciado de la cueva de Chaves, uno de los abrigos prehistóricos más importantes de la península y que fue literalmente labrado por estar en un coto de caza privado. No es el único yacimiento arqueológico secundado por el olvido institucional. La conservación de la excavación de Botorrita está amenazada por la maleza ante el desinterés por continuar las numerosas campañas del lugar en el que apareció el documento escrito más antiguo de Aragón. el Bronce de Contrebia Belaisca. Sobre Bílbilis se cierne la más penosa incertidumbre.

Mientras se seguían llenando páginas reivindicativas apelando al orgullo más regionalista contra el injusto expolio del obispo Meseguer hacia los bienes de la Franja, se reducían a escombros los restos del pomposo proyecto del Gran Teatro Fleta. En el corazón de la ciudad, continúa un andamio donde iba a estar el gran templo operístico de un Aragón que es una de las pocas comunidades autónomas sin orquesta sinfónica y en la que su compañía estable de teatro desaparecía para siempre.

Esto sucedía mientras no se sabe qué sucederá con la parte pública de San Beturián (centro espiritual del reino del Sobrarbe y templo protorrománico) o cuando se ha tenido que aparcar uno de los grandes monumentos modernistas de Aragón: la remodelación de la estación de Canfranc. Y aunque se han buscado innumerables destinos para el Archivo General de Aragón (desde el antiguo edificio de Pontoneros a un solar en Parque Goya) este sigue siendo una quimera de la que nada se sabe. Lo que sí se sabe es que Zaragoza ya no cuenta con un espacio permanente de Paleontología y se ha cerrado una escuela de restauración en la que se habían reparado una buena parte de obras. A todo esto, se podría sumar el desinterés por el patrimonio sonoro, el bibliográfico o el cinematográfico, por el que se han interesado las mismas comunidades vecinas con las que se litiga.