A lo del chalet del actual alcalde le ha seguido la supuesta falta de preparación de algunos concejales de la nueva mayoría de izquierdas en el ayuntamiento de Zaragoza, y tales argumentos han desembocado inevitablemente en el escándalo de los cargos de confianza. La opinión pública está siendo conducida por las riendas hacia el sendero de la suspicacia. Tras ocho años de administraciones municipales de la derecha, durante los cuales hemos pasado de puntillas sobre casi todo, incluida la primera sentencia condenatoria por flagrante infracción de las normas urbanísticas ("caso antigua estación de Utrillas"), ahora vamos a estar muy atentos a los detalles; vamos a enlazar con los recuerdos de la era Triviño para, venga o no venga a cuento, poner en su sitio al PSOE y a la CHA.

¿Por qué crees que nos atacan tan duramente desde el Heraldo?, me preguntan desconcertados algunos munícipes del recién constituido equipo de gobierno. Porque la cabra tira al monte, les contesto. ¿Qué podría añadir? ¿Qué las primeras declaraciones del tándem Belloch-Gaspar sobre el urbanismo zaragozano han sembrado la alarma entre el cártel inmobiliario? ¿Que algunos pregonadísimos poderes fácticos están convencidos de que a este nuevo ayuntamiento de la capital aragonesa hay que atarlo corto desde el primer día? ¿Que, en cualquiera de los casos, cuando se está en la política es preciso saber encajar las críticas (las justas y las injustas)? ¿O mejor les advierto a mis amigos del PSOE y de la CHA que afinen sus instintos éticos y estéticos para que jamás puedan meterles la puya con fundamento?.

Atarés, cuya herencia es una ciudad patas arriba y una hacienda municipal semicomatosa, ha cogido la onda y declara en público que con el dinero que el gobierno PSOE-CHA piensa pagar a los famosos cargos de confianza "se podrían hacer escuelas y polideportivos". Qué buena persona, oigan. También podría haber hecho cuentas con lo que darían de sí esos euros para pagar el pufo de las expropiaciones del Tercer Cinturón o las compensaciones a las empresas adjudicatarias de la demencial reforma del paseo de Independencia. ¿No?