El actual equipo de Gobierno municipal ha heredado un Ayuntamiento descapitalizado, un Plan General de Ordenación desbaratado y unos vicios urbanísticos arraigados durante decenios de fabulosos pelotazos. Esta es una ciudad de (grandes) constructores, cuyos inmensos beneficios les han permitido desembarcar en cualesquiera otros sectores (pronto se edificará en las afueras un ambicioso hospital privado financiado y participado por un conocido promotor). ¿Podrán el PSOE y la CHA reconducir tan peliaguda situación?

Ahí está el tema. Por eso tal vez el debate sobre La Romareda se ha endurecido tanto. Pero dejemos el tema del campo de fútbol (oigan a Solans, reclamando de repente que le paguemos entre todos no ya el estadio sino las deudas de su Sociedad Anónima Deportiva) y hablemos en términos generales del empeño en desintegrar Zaragoza llevándola en un proceso ininterrumpido hacia su más remota periferia.

¡Llevémonos todo a los acampos. Allí hay sitio y se puede llegar en coche! El coche, por supuesto. Me gustaría que alguien me explicase por qué, si en las afueras y en el automóvil están las mejores alternativas, la Feria de Muestras tiene su principal punto débil en los atascos que se montan en sus accesos incluso cuando hay exposiciones o salones dirigidos sólo a profesionales, como el reciente y exitoso Smopyc. Pues porque no se ha hecho la conexión con el Cuarto Cinturón, me argumentarán. Y yo les diré que sí, que ciertamente Fomento tiene que hacer la conexión (que no será gratis), pero aun así habrá atascos los días de mucha afluencia. O qué nos habíamos pensado. ¿Y si les dijera que la impresionante Feria de Milán, una de las más importantes del mundo, tiene buena parte de sus pabellones incrustados en pleno casco urbano?

Las perversiones urbanísticas han llevado a Zaragoza al delirio. Por lo visto no hay más remedio que pechar con ello. Pero a ver si le ponemos término. Por favor.