Cristales rotos, una máquina de café volcada y con el líquido derramado por el suelo, paredes y cuadros pintados con grafitos, ordenadores destrozados y espuma de extintor esparcida por el suelo. Este es el panorama que se encontraron ayer los profesores del colegio Condes de Aragón de Zaragoza.

El pasado domingo el centro sufrió una ataque vandálico y la dirección ha decidido suspender las clases hasta la semana que viene por razones de seguridad. "No han robado nada, solo se han ensañado", señaló ayer el director del colegio, Rafael Santacruz.

El suceso ocurrió el domingo sobre las siete o las ocho de la tarde. Una profesora del colegio, que reside en la parcela colindante, vio que salía humo del colegio y pasaba algo "raro", según explicó Santacruz, y avisó a la Policía y a los Bomberos, que acudieron inmediatamente al centro. El humo era en realidad polvo de los extintores que los vándalos habían esparcido por las instalaciones.

Efectivos de Policía Científica y de Menores se desplazaron ayer por la mañana al centro para investigar. En el colegio todavía no se explican el motivo del asalto ni saben quienes fueron los responsables. Según miembros del personal escolar, los asaltantes accedieron al interior del edificio por la parte trasera del colegio, donde se encuentran las pistas deportivas.

Allí, en el hall, tiraron la máquina de café, descargaron un extintor, rompieron el teléfono público y los cristales y pintaron las paredes. No obstante respetaron todos los símbolos religiosos y no entraron en la capilla, situada al lado, según explicó uno de los docentes. Después bajaron hasta la planta baja, donde destrozaron la sala de ordenadores.

"Por lo que sabemos no han robado nada, pero lo han destrozado todo", señaló Rafael Santacruz, quien mostró su sorpresa ante la actuación de los "vándalos", que habían arrasado un lugar de "cultura y formación".

Lo único "gratificante" de todo lo ocurrido ha sido, comentó Santacruz, el buen hacer policial, el apoyo "incondicional" del servicio provincial de Educación y la actitud de los trabajadores y los padres de los alumnos, que se han ofrecido para trabajar en las reparaciones e incluso aportar dinero.

Ayer, todos los profesores del colegio esperaban en las escaleras de acceso al centro, sin poder entrar, a la espera de empezar a reparar todos los desperfectos y volver a la normalidad de las clases.