El ex ministro de Defensa José Bono consideró ayer de "gravedad extraordinaria" el hecho de que el director del Instituto Forense Turco, Keramettin Kurt, haya denunciado presiones del departamento que dirigió Federico Trillo con relación al accidente del Yak-42.

A su juicio, al error de la identificación de los cadáveres se añadiría "el dolo, el querer ocultar". Bono, que hizo estas declaraciones en conversación informal con periodistas, opinó que este hecho, además de un "desprecio extraordinario por la verdad", supondría un "desprecio grave por las familias" de los 62 militares fallecidos. "Sería la constatación de un hecho jurídicamente condenable", finalizó.

Bono reaccionó así ante las aseveraciones que el forense turco realizó el pasado lunes en las que decía que "un viceministro y unos generales españoles" le pidieron a finales del 2003 asumir la responsabilidad de la confusión por la mezcla de cadáveres y restos humanos tras el accidente del Yak-42, ocurrido ese mismo año.

LA ACTUACIÓN ESPAÑOLA Cuando se produjo el suceso, varios funcionarios españoles se presentaron en el lugar de los hechos para abreviar al máximo los trámites de identificación de los soldados y los forenses turcos les entregaron los restos con algunas identidades no confirmadas a sabiendas. Kurt explicó en el diario turco Milliyet que los españoles querían hacer las pruebas del ADN en su país y, aunque solo habían identificado a 32 de los 62 militares muertos, los funcionarios "insistieron" y, tras firmar un documento, les entregaron los restos. En los otros cadáveres simplemente se pusieron pegatinas con los nombres restantes, aseguró. Según Kurt, pensaron que "el muerto muerto está y nadie indagaría más".

Cuando el escándalo saltó en España, responsables españoles acudieron al forense para "librarse del lío en que estaban metidos". Le dijeron "Fue un error, por favor, firmad este papel y nos quedaremos tranquilos". Los turcos se negaron.