Corre todas las mañanas de un colegio a otro porque pese a sus protestas sus hijas gemelas, siguen escolarizadas en centros distintos. Ha tenido que recurrir al Justicia.

Menos mal que los dos colegios están cerca, porque si no, no llego. Llevo pidiendo una solución desde que empezó el curso y por lo visto, no la encuentran". Ana Cristina Ansón es madre de dos niñas gemelas de tres años, que han estrenado este año su vida escolar. En su familia daban por hecho que irían juntas a clase, pero no ha sido así. Las dos estaban apuntadas en la Compañía de María, colegio concertado que cae muy cerca de su casa. En el sorteo entró su letra y Esther fue admitida, pero Carla se quedó fuera.

Y no por el corte, explica su madre, sino porque ella sufre un retraso madurativo que precisa atención especial. No habla, tiene problemas motóricos y según las valoración de los especialistas precisa la atención de un logopeda.

"Ahí está el problema. Me dijeron que en la Compañía de María las plazas para niños de integración, con problemas especiales, están reservadas para deficiencias auditivas, así que se quedaron con Esther y a Carla le dieron plaza en otro colegio concertado, Santa Rosa".

A Ana Cristina le resulta cuanto menos chocante que en el centro donde no han admitido a una de las gemelas por su problema de madurez dispongan de logopeda, y sin embargo, en Santa Rosa, donde le dieron plaza a la niña, no exista este tipo de apoyo.

Dos veces por semana Carla acude al centro de atención temprana del Gobierno de Aragón, donde, quiere recalcar su madre, la atienden "muy bien". Por su cuenta, pagada de su bolsillo, añade otra sesión semanal de logopedia.

Cuando este año salieron las listas de admitidos en los colegios, Ana Cristina no podía entender que separaran a las gemelas porque una necesitara refuerzo y la otra no. En las primeras entrevistas con responsables educativos "parecía que lo iban a arreglar, pero no ha sido así. La opción que me dieron si quería que fuesen al mismo centro es trasladarlas al colegio público Joaquín Costa. A mi me daba igual que me tocara la Compañía de María, Santa Rosa o Escolapias, que están cerca de casa, pero quería que el colegio fuera concertado; a lo mejor soy exagerada, pero paso de que con 12 años tengan que ir a un instituto. Y si en el sorteo entró Esther, Carla tenía que haber entrado también, porque por orden alfabético va antes".

La madre tampoco entiende que mientras ella va de un sitio a otro para llegar a dos colegios distintos y tres sesiones de logopedia a la semana, en la Compañía de María, la escuela de su hija Esther, "las plazas de integración están libres, o al menos eso es lo que me han comunicado a mí. El diagnóstico de Carla es el retraso motórico, pero lo que necesita, y lo dicen los informes, es una tratamiento específico de logopedia; y estos especialistas --insiste-- los tienen en el colegio de Esther".

Avanza el curso y Ana Cristina no ve salida clara al tema, así que ha decidido acudir al Justicia de Aragón, a ver si consigue una solución. "Van a tramitar mi queja, pero ya me han advertido que las recomendaciones que haga esta institución no son de obligado cumplimiento para las administraciones".

Sus hijas son pequeñas para quejarse, pero la madre está segura de que para ellas sería mejor acudir al mismo centro. Las dificultades de Carla, dicen los especialistas, se superarán conforme vaya cumpliendo años y aumente su madurez.