Moussa Syllah se encuentra en Aragón en una situación extraña. Por un lado, no tiene permiso de residencia y de trabajo, lo que lo convierte en un inmigrante en situación administrativa irregular. Por otro, carece incluso de pasaporte senegalés, por lo que no consta en ningún registro. A todos los efectos, es una persona sin identidad, un ciudadano invisible. El único documento que posee lo expidió la Policía española cuando lo envió en avión desde Canarias a la Península, el pasado mes de agosto. En esta situación, Moussa está permanentemente expuesto a los controles policiales y a que en cualquier momento sea expulsado de España.

Para legalizar su situación, Moussa debe obtener un precontrato de trabajo de un empresario español. Pero ese documento solo lo obtendrá en el caso de que muestre un visado expedido por la embajada española en Senegal, acompañado de un informe favorable de la Policía. Para resolver todo este papeleo necesita viajar a su país, algo que está fuera de sus posibilidades. Además, piensa que, una vez en Senegal, quizá no podrá volver a salir debido al endurecimiento de las leyes de inmigración de la Unión Europea.

Otra fórmula para obtener el permiso de residencia en España, y con él el derecho a trabajar, es que demuestre que ha vivido durante tres años en territorio español. Esta vía, denominada del arraigo, requiere enseñar documentos, como contratos de trabajo, que dejen constancia oficial de su estancia. Moussa Syllah también puede esperar a una regularización extraordinaria, como la llevada a cabo en el 2005. Pero hoy por hoy es una posibilidad remota.