´DIARIO DE UN INMIGRANTE´ SE OCUPARÁ MAÑANA DE LO QUE PASA CUANDO LOS INMIGRANTES EN SITUACIÓN IRREGULAR DEJAN DE BENEFICIARSE DE LA AYUDA DE LAS INSTITUCIONES. ALGUNOS ENCUENTRAN TRABAJO, PERO OTROS SOBREVIVEN AL MARGEN DE LA LEGALIDAD.Es como una pesadilla recurrente. Desde que llegó a Zaragoza a principios de agosto, el senegalés Moussa Syllah se echa a la calle todos los días en busca de trabajo y vuelve a casa con las manos vacías. "Estoy preocupado", dice este joven de 26 años que cruzó de Marruecos a Canarias en un cayuco. "Pero para mí no hay vuelta atrás. Volver a mi país no entra en mis planes. Sería reconocer que he fracasado", afirma sin pestañear.El viaje a España le costó 3.000 euros y en Zaragoza se ha gastado los pocos ahorros que trajo consigo. El dinero se ha marchado en autobuses, en taxis, en trenes y llamadas telefónicas que no tenían más que un objetivo: dar con un empresario que quisiera contratarlo para lo que fuera."He mirado en las obras, en un montón de obras, y también en el campo, en la vendimia de Cariñena", cuenta Moussa.Y en todas partes ha encontrado personas que le atendían con interés y que incluso mostraban deseos de ayudar a un hombre joven, fuerte y con aspecto de buena persona que lo único que pedía era trabajo para ganarse la vida."Pero los empresarios tienen miedo, mucho miedo. No quieren contratar a inmigrantes sin papeles porque temen que les descubra la Policía", señala Moussa. "Lo primero que me piden es el permiso de residencia, y en cuanto les digo que no lo tengo, me dicen que no pueden hacer nada por mí", añade.Las obras, en particular, "están muy vigiladas". En el campo, en cambio, la presión policial sobre el trabajo clandestino es en apariencia menor.De hecho, más de un pequeño propietario ha estado a punto de cogerlo, por cuatro o cinco euros por hora, para hacer tareas agrícolas. Sin embargo, al final, todos ellos retroceden por miedo a ser multados por la Inspección de Trabajo.Los inmigrantes senegaleses poseen redes de ayuda mutua de carácter familiar y local. Ellas se encargan de colocar a los compatriotas recién llegados o de darles pistas para que se acoplen lo más rápidamente posible a la realidad española. El problema de Moussa es que no tiene parientes aquí, aunque sí amigos que le ofrecen sus casas y le informan de posibles salidas laborales.Gracias a eso, y a la ayuda de las instituciones humanitarias, todavía no ha perdido la esperanza de encontrar un trabajo. Además, ha tenido suerte. La Policía nunca le ha parado por la calle para pedirle una documentación que no tiene."A compañeros que están en la misma situación que yo, sí que los han identificado y los han llevado ante el juez", explica Moussa.En todos los casos que él conoce, la autoridad judicial ha puesto en libertad a los senegaleses en situación irregular.Moussa ha venido a Aragón en un momento complicado en el que la Unión Europea presiona a España para que actúe contra el flujo de inmigración ilegal.Además, los africanos llegan al mercado laboral en clara desventaja frente a los europeos del Este (que están más cualificados) y a los suramericanos, para los que no existe la barrera del idioma.Ante tantos obstáculos, cualquiera pensaría que el joven inmigrante senegalés está a punto de darse por vencido. Él mismo confiesa que se halla "cansado", pero no por eso ha perdido la esperanza de que las cosas mejoren en el futuro. "Sigo buscando trabajo", dice en un tono firme.

"Estoy preocupado""Pero para mí no hay vuelta atrás. Volver a mi país no entra en mis planes. Sería reconocer que he fracasado"

"He mirado en las obras, en un montón de obras, y también en el campo, en la vendimia de Cariñena"

"Pero los empresarios tienen miedo, mucho miedo. No quieren contratar a inmigrantes sin papeles porque temen que les descubra la Policía""Lo primero que me piden es el permiso de residencia, y en cuanto les digo que no lo tengo, me dicen que no pueden hacer nada por mí"

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"A compañeros que están en la misma situación que yo, sí que los han identificado y los han llevado ante el juez"

"cansado""Sigo buscando trabajo""Y confío en que, tarde o temprano, encontraré algo"