La reciente llegada a Aragón de unos 400 africanos indocumentados que arribaron en cayucos a las costas de Canarias ha contribuido a agravar la ya de por sí difícil situación de la población senegalesa en la comunidad autónoma. Compuesto por unas 2.000 personas, este colectivo de inmigrantes es uno de los más afectados por el paro, el subempleo y la falta de recursos. Un gran número de ellos, sobre todo los llegados a partir del año 2000, se halla en situación irregular, lo que les impide trabajar legalmente en la región.

Por ello, muchos de los cayuqueros, como Moussa Syllah, que ha sido objeto de seguimiento por parte de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN durante esta semana, se ven obligados a solicitar ayuda a las instituciones humanitarias ante la imposibilidad de encontrar trabajo. "No estamos preparados para acoger a tantos compatriotas que han llegado de golpe a Aragón, sobre todo a Zaragoza", reconoce Moussa Fall, presidente de Aisa, la Asociación de Inmigrantes Senegaleses de Aragón.

La irrupción de los cayuqueros ha dañado además la imagen de los senegaleses en España, según Fall. "El hecho de que en cuestión de nueve meses hayan llegado a Canarias más de 25.000 compatriotas, hace que la opinión pública nos vea como unos invasores, cuando en realidad no somos un colectivo problemático", subraya el responsable de Aisa.

Con todo, el flujo de sin papeles que vienen desde Senegal a la Península no parece que vaya a disminuir en el futuro inmediato, pese al incremento de la vigilancia de la costa occidental africana. "La economía del país está mal y la gente joven no tiene más escape que la emigración", reconoce Fall, que es partidario de que Occidente se vuelque en su país para facilitar el desarrollo.

Los senegaleses empezaron a emigrar a España ya en los años 80. Venían a trabajar "en lo primero que saliera" y la mayoría se colocó en la venta ambulante, en granjas y en explotaciones agrícolas.

VARIAS OLEADAS A fines de los años 90, desembarcó otra oleada de inmigrantes que se caracterizaba por poseer un nivel más alto de formación y que, con su esfuerzo, logró ocupar puestos que requerían cierta cualificación. Pese a todo, también tuvieron problemas de integración, principalmente debido a las dificultades para aprender el idioma español, imprescindible para entrar en el mercado laboral.

En los últimos veinte años, una minoría ha conseguido la nacionalidad española y un número no muy elevado ha obtenido el permiso de residencia y trabajo.

ECONOMÍA SUMERGIDA Sin embargo, son muchos los senegaleses que en la actualidad solo poseen permiso de residencia o están en situación irregular. "Lo cierto es que tenemos muchas dificultades para encontrar trabajo, más que otras comunidades de inmigrantes", señala Fall.

Ante esta situación, muchos jóvenes senegaleses recurren a la venta callejera de productos pirateados y a otras formas de la economía sumergida para poder subsistir.

El paro afecta sobre todo a las mujeres, lo que se traduce en una dependencia económica respecto de sus maridos que fomenta la aparición del problema de los malos tratos en el ámbito doméstico, según denuncia el responsable de la asociación Aisa.

Al mismo tiempo, el elevado porcentaje de senegaleses que vive en Aragón sin tener los papeles en regla acrecienta los problemas de reagrupación familiar.

Este cúmulo de obstáculos ha favorecido el fortalecimiento de los lazos de solidaridad dentro de la comunidad senegalesa. "Los recién llegados reciben orientación, alojamiento y dinero de los que ya están instalados, nunca se quedan tirados", asegura Fall.