Un año más, la campaña antártica española tendrá un marcado carácter aragonés. Nada menos que cinco de los doce responsables militares de la expedición, que se desarrollará del 13 de noviembre del 2006 al 24 de marzo del 2007, han nacido en la comunidad o están destinados en unidades ubicadas en Zaragoza y Huesca, en especial en la Agrupación de Apoyo Logístico número 41 y en el Regimiento de Pontoneros de Monzalbarba.

Además, el máximo jefe de la misión, el comandante Rafael Ayora Hirsch, ha sido profesor durante seis años en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE), con sede en Jaca.

La EMMOE, por otro lado, se ha encargado de preparar a los integrantes de la campaña para resistir las duras condiciones climáticas de la isla de Decepción, un volcán todavía activo que acoge desde 1989 la base antártica española Gabriel de Castilla.

MISIONES INTERNACIONALES Durante los 135 días que durará la misión (veinticinco más que en anteriores ediciones) se desarrollarán en el entorno de la isla una veintena de proyectos científicos, entre civiles y militares, dos de ellos de carácter internacional.

Una de las investigaciones de mayor importancia para Aragón tratará de mejorar los sistemas de localización de víctimas de avalanchas de nieve. En su realización intervendrán el Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón y el Grupo de Tecnología en Entornos Hostiles de las universidades de Zaragoza y Huesca.

En concreto, de las nueve áreas en que se estructura el dispositivo militar en la Antártida, cuatro dependen de aragoneses: logística (comandante Ignacio Abad Blasco), sanidad (capitán María del Mar Sánchez Navales), mantenimiento de instalaciones (brigada Francisco Javier Cebrián Huete) y alimentación (Javier Acero Saiz y Sara Pulido Ferna).

INCINERACIÓN DE RESIDUOS La próxima campaña antártica, la número veinte para el Ejército español, coincide con la organización en el 2007 del año polar internacional. España participará activamente en este evento, que se celebra cada cincuenta años, "con el aliciente de contar con medios e instalaciones propias en la Antártida", según señaló ayer en Zaragoza el comandante Rafael Ayora Hirsch.

El jefe de la expedición resaltó que uno de las principales novedades de la campaña en preparación será la eliminación sobre el terreno del 80% de las diez toneladas de residuos que se generarán en la base Gabriel de Castilla mientras permanezca abierta.

"Hasta ahora, los residuos se trasladaban en barco a gran distancia para proceder a su eliminación, lo que implicaba una sobreutilización del buque Las Palmas, que asegura el contacto con los puntos habitados más cercanos", dijo Ayora.

Por este motivo, uno de los mayores retos que aguardan a los expedicionarios militares en Decepción, que se encuentra a 13.000 kilómetros de España y a 1.500 del extremo meridional de Suramérica, será la ubicación de la incineradora.

"Esa planta será, junto con la instalación de un manipulador telescópico, una compactadora de residuos y un laboratorio semihúmedo, lo que más problemas nos dará en el momento del desembarco", aseguró Javier Cebrián Huete, responsable del área de instalaciones.

En tanto que jefe de mantenimiento, Cebrián será el encargado de poner en marcha la base Gabriel de Castilla a partir del próximo 13 de noviembre. "Si el invierno austral ha sido duro, habrá que reparar la instalación de luz y la de agua", señaló el técnico.

Pero el refuerzo del protagonismo aragonés en la Antártida no se basa exclusivamente en el envío de personal especializado. También se han conseguido importantes avances en materia de instalaciones.

Por ejemplo, el depósito donde se almacena todo el material con destino al Polo Sur está centralizado en la Agrupación de Apoyo Logístico número 41, junto al campo de maniobras de San Gregorio, en Zaragoza. Esta unidad acogerá además, de forma permanente, la oficina de comunicación de las campañas antárticas que se organicen en adelante.

La isla de Decepción, que hasta los años 40 del pasado siglo albergó una factoría ballenera, posee 45 kilómetros cuadrados y está expuesta a posibles erupciones volcánicas, como ocurrió en los años 60.