Periodista

Acaba de publicar una historia escalofriante: Cada día sale el sol (Styria). Se sentó junto a su protagonista, Neus, y relató la vida de una niña abandonada y sumergida en todos los infiernos, desde la droga a la prostitución. Nuestra invitada es zaragozana, pero residente en Barcelona, donde colabora entre otros, en el Grupo Zeta.

--¿Cómo le llegó esta historia a sus manos?

--A través del psiquiatra Antoni Bolinches. Él estaba tratando a Neus y como yo había trabajado en temas sociales, me lo dijo por si me interesaba escribir su historia. Neus prefería contarlo todo a un hombre, porque pensaba que iba a ser menos sensible, más duro, pero no hubo problema conmigo.

--¿No le dio miedo meterse demasiado en la historia y que le hiciese daño?

--No, porque siempre lo traté como periodista, igual que hace un psiquiatra, que cuando llegas a casa te quitas los casos de encima para que no te invadan. Es como si Ana Blanco llorara en los telediarios...

--¿Este trabajo le abre una puerta a futuros temas?

--No creas, no me gusta demasiado la biografía, prefiero el ensayo. Me gusta más hacer reportajes, investigar, dedicar tiempo.

--Un género, precisamente, que el periodismo tiene bastante olvidado por la prisa del día a día...

--Sí, y es una lástima. El no hacerlos presupone que el lector no está interesado y es todo lo contrario. En el fondo no se hace por una cuestión económica, porque tener a alguien dedicando días a un sólo tema es muy caro. Por eso se acaba haciendo en libros, aunque es casi imposible vivir de la literatura en España.

--Creo que no hay huellas de usted en Zaragoza...

--No, al menos en periodismo. Estudié fuera y no he trabajado en Aragón. A los seis años ya le dije a mi madre que quería ser periodista, así que fíjate si lo tenía claro.

--Tendrá que venir para la Expo.

--Seguro. Hombre, voy a menudo a ver a mi familia y mis amigos.

--¿Y cómo ve la ciudad desde fuera?

--Veo que va cambiando mucho. Lo más importante de la Expo será que nos va a cambiar la mentalidad; el zaragozano es demasiado conservador, y tanto visitante nos abrirá la mente. Cuando vengo me doy una vuelta por la ciudad y noto cómo se va transformando día a día; el Tubo, por ejemplo, está estupendo, con unos bares de tapas que no tienen nada que ver con las de antes...

--Me alegro...

--Y se abren tiendas nuevas, boutiques, con jóvenes creadores, diseñadores muy interesantes. Gente que se está quedando, porque lo nuestro ha sido fuga de cerebros.