La Dirección General de Instituciones Penitenciarias ha abierto una investigación para averiguar las circunstancias en que se produjo la muerte del subdirector médico de la cárcel de Pamplona, el zaragozano José Miguel García Villanueva, de 47 años, cuyo cadáver fue encontrado once días después de su fallecimiento en dependencias de la misma prisión.

Tal como informó EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, el cadáver se encontraba en los archivos del centro penitenciario, cuya puerta tuvo que ser forzada porque estaba cerrada con llave por dentro. Una vez que se descubrieron los hechos, la dirección del centro comprobó que existía una ficha de entrada de García Villanueva el pasado día 6, pero no figuraba la salida.

DESAPARICIÓN El fallecido había asistido en esa fecha a una fiesta de agasajo a un sacerdote que trabaja desde hace 30 años con los presos y dijo que pensaba ir de caza el fin de semana. Sin embargo, tampoco se presentó a trabajar el día 9 y en su domicilio señalaron que podía estar en Zaragoza para pasar las fiestas del Pilar, viaje que no había comunicado a la dirección de la prisión.

Pese a ello, nadie dio cuenta de su desaparición hasta el pasado lunes, cuando un trabajador social dijo que el coche del fallecido llevaba estacionado varios días junto a la prisión.

García Villanueva había dejado una nota en su despacho donde comunicaba que "la solución está en el archivo", pero nadie la leyó hasta el último martes, un día después de que su mujer denunciara la desaparición ante la Guardia Civil.

Fuentes sindicales penitenciarias explicaron a este periódico que en las prisiones españolas no existe control de entradas y salidas de los funcionarios que trabajan en los respectivos centros, "aunque tal vez tendría que haberlas". En medios jurídicos aragoneses sorprendió que en las cárceles no se aplique esta elemental medida de seguridad.

El médico zaragozano, que fue incinerado ayer en Pamplona, estuvo amenazado por ETA hace varios años y se le ofreció la posibilidad de un traslado, pero rehusó porque estaba arraigado en Pamplona y no le interesaban los destinos ofertados.

García Villanueva estaba considerado como un buen especialista en salud penitenciaria. Hace seis meses recibió junto a otros médicos un premio por su trabajo en la introducción de tratamientos con metadona a los presos y el reparto de jeringuillas en las cárceles.