Un argelino de 24 años, que responde a las iniciales B. B., ha sido detenido en Logroño como presunto implicado en el asesinato de un hombre, cuyo cadáver apareció el pasado 9 de octubre con tres puñaladas y en avanzado estado de descomposición en una escombrera de Épila.

La detención se produjo durante la noche del martes, como consecuencia de la investigación abierta por la Guardia Civil de La Almunia y por las identificaciones y controles preventivos que las distintas Unidades del Cuerpo Nacional de Policía efectúan a diario en Logroño.

La detención se registró en las inmediaciones de la estación de autobuses de Logroño, en un control rutinario de identidad, donde se comprobó que B. B. estaba requerido por la Unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil de La Almunia. Los miembros de este cuerpo manifestaron que el motivo de esa requisitoria era su presunta implicación en un delito de homicidio, por lo que el detenido fue puesto a disposición del Juzgado de Guardia.

Fuentes de la Delegación del Gobierno señalaron ayer que la autopsia del fallecido todavía no ha concluído debido al estado de descomposición en el que fue encontrado el cadáver, por lo que no se conoce su identidad. Los primeros análisis han determinado que el cuerpo es el de un hombre de complexión atlética y una estatura aproximada de 1,80 metros y, posiblemente, de nacionalidad extranjera.

De hecho, la principal línea de investigación y que ha llevado a la detención del martes se ha centrado en un grupo de temporeros --alguno de ellos con antecedentes penales-- que estuvo trabajando por la zona hace un tiempo, y que podría estar en su entorno. Nadie ha reclamado la desaparición de un hombre de estas características en la zona, por lo que no se descarta que la víctima fuera también un temporero.

El cadáver fue descubierto en un descampado situado junto a la travesía N-122 que sirve de entrada al casco urbano de Épila alrededor de las ocho y media de la mañana.

Juan Aguarón, trabajador de una empresa de construcción, había acudido a una caseta situada en la parcela en busca de material y, al llegar, notó un olor putrefacto que le llamó la atención. "Pensé que habría algún gato o perro muerto, porque el olor era mi fuerte y, al mirar alrededor, vi un bulto lleno de hierbajos. Le di una patada para apartarlos y me encontré con el cráneo, todo negro por la descomposición", relató el operario la pasada semana.