"El cáncer es un paréntesis en tu vida. Hay que quitarse el miedo al cáncer. Cáncer no significa muerte". Estas son las palabras de una mujer que ya ha superado un cáncer de mama. Begoña Aranjuelo tenía 41 años cuando se detectó un bulto en el pecho. Trabajaba como sanitaria y, además, había tenido en varias ocasiones fibromas benignos, así que conocía las técnicas para explorarse. "Me lo noté por casualidad, pero en ningún momento pensé que podía ser malo. Fui al médico por quedarme tranquila", explica.

Le realizaron una ecografía y le tomaron una muestra con una biopsia. Los resultados que llegaron del laboratorio de Anatomía Patológica le cayeron como un jarro de agua fría: era un carcinoma avanzado. "La verdad es que se te cae el mundo encima", recuerda. A partir de ese momento se puso en manos de la unidad de Mama del hospital Miguel Servet de Zaragoza.

Un mes de espera

El primer paso fue someterse a la prueba del ganglio centinela, gracias a la cual se pueden detectar los ganglios afectados por el cáncer a través de un isótopo radiactivo. Así, la operación pudo limitarse a la zona del pecho enfermo. "Pasó un mes desde que me diagnosticaron el cáncer hasta que me operaron", explica. Y, al mes siguiente, Begoña ya estaba recibiendo sesiones de quimioterapia.

Desafortunadamente, el riesgo de que volviese a padecer cáncer de mama era muy alto y finalmente tuvo que someterse a una mastectomía bilateral y le quitaron las dos mamas. "Directamente me reconstruyeron los pechos en la misma operación, lo que supone una gran diferencia. Verte sin pechos es un poco traumático", indica. De eso han pasado ya dos años. "Me encuentro muy bien, física y psicológicamente", concluye.