El fiscal mantuvo ayer la solicitud de pena, sin circunstancias atenuantes, para el colombiano John Anderson S., juzgado en la Audiencia de Zaragoza como presunto autor de un intento de asesinato en la zona de bares del Rollo, el 27 de noviembre del 2004. Aunque asume que el acusado padece un trastorno límite de la personalidad, estima que sabía lo que hacía cuando cometió la agresión.

La ultima sesión del juicio se dedicó principalmente a los informes psiquiátricos del acusado. Los peritos discreparon sobre su estado mental y, mientras los psiquiatras forenses consideran que el trastorno que sufre aquel no es esquizoide, el perito de parte asegura que sufre "una esquizofrenia paranoide con tendencia a la cronicidad". Según manifestó, "su conducta está condicionada por un pensamiento delirante".

VENGANZA Los hechos ocurrieron en la zona de bares del Rollo, a raíz de una reyerta entre jóvenes colombianos y senegaleses registrada el día anterior en el mismo lugar. Anderson, que tenía entonces 18 años, apuñaló a un joven de 17 cuando éste acababa de abandonar un bar frecuentado por ambos grupos.

La víctima recibió una puñalada en el pecho, que llegó a afectar al corazón y otra en la espalda. Salvó la vida gracias a la rapidez con la que fue intervenido quirúrgicamente.

El ministerio fiscal, que solicita doce años de prisión, se apoyó en la tesis forense porque Anderson "mantiene una claridad de raciocinio y no tiene mermada su capacidad". Asimismo, señaló que hubo una "elaboración intelectual" de la agresión que no es acorde con un estado de delirio. "No se aprecia una quiebra de pensamiento lógico, ya que el acusado dijo que se iba a cobrar lo que le habían hecho el día anterior", añadió.

En relación con la autoría de los hechos, que niega el acusado, el fiscal recordó que Anderson no fue perdido de vista por los testigos que le persiguieron y que en todo momento mantuvo en sus manos el cuchillo.

La abogada de la acusación, Ana Martínez, coincidió con el fiscal en que el acusado no tiene ninguna limitación por su trastorno y afirmó que la víctima "se salvó por causas ajenas a la intención de Anderson".

Santiago Gimeno, letrado de la defensa, cuestionó que su cliente fuera el autor de los hechos, pese a que tuvo el cuchillo en sus manos. En su opinión, Anderson no estaba presente cuando ocurrieron los hechos y pudo coger el arma del suelo.

El defensor, que recordó que su cliente estaba sometido entonces a un tratamiento psiquiátrico ambulatorio, dio un golpe efectista cuando explicó que el mismo fiscal que acusaba estaba tramitando la incapacidad de Anderson en el Juzgado de Primera Instancia número 13 de Zaragoza por "esquizofrenia paranoide con tendencia a la cronicidad". Pidió la absolución.