Junto a una veintena de músicos, mañana vestirá chaquetilla y tocará pasodobles para protestar por la situación de su banda, que se encuentra en crisis y dividida. Era el director y ahora encabeza a los disidentes.

Hasta hace nada dirigía a los 35 músicos de la banda La Aljafería, una agrupación nacida en los años 90 dentro de una asociación vecinal. Ahora, el grupo se ha partido en dos y el próximo concierto de Rafael Casterá va a ser de protesta, con un fondo de pancartas en el que 23 instrumentistas disidentes, con él a la cabeza, denunciarán su situación al compás del pasodoble. Esta actuación atípica tendrá lugar el próximo sábado a las once de la mañana en La Almozara, en el andador Ignacio Menaya, esquina con la venida Pablo Gargallo.

"Pedimos un cambio en la junta directiva de la asociación de vecinos La Aljafería, porque la actual no nos parece democrática. Desde que empezamos a preguntar por las subvenciones que obtenían del ayuntamiento para la agrupación musical empezaron los problemas y al final me cesaron como director. De los 35 músicos, 23 se ha venido conmigo". Casterá asegura que en la asociación han quedado solo "los chavales más jóvenes, que están en la escuela de música de la agrupación musical. Algunos usan los instrumentos de la escuela".

Rafael lleva cinco años como director de la banda. Declara que nunca hubo grandes problemas hasta que les llegó la onda de que el ayuntamiento concedía alguna subvención para la agrupación musical y para el coro, que también funciona dentro de la asociación. Y la banda, asegura, no veía el dinero. "La junta no nos quiso dar información y tuvimos que ir a enterarnos directamente a Participación Ciudadana. En el 2005 se concedió una ayuda de 6.600 euros, y según nos dijeron en el consistorio, las facturas aportadas son de vestuario y de viajes. El coro ha cambiado de uniforme, pero para los músicos no ha llegado nada".

Tocan porque les gusta, y sus actuaciones dependen también mayoritariamente del consistorio, que contrata a este tipo de agrupaciones musicales para animar parques y plazas en Zaragoza los fines de semana. "Por cada concierto, en el que debe participar un mínimo de 25 personas, la agrupación cobra entre 600 y 900 euros", explica Casterá.

Además, antes de la crisis colaboraban en la escuela de música que funciona en la asociación de vecinos. "Se dan clases de lectura musical y de instrumentos a un precio asequible. Los chavales que son socios de la agrupación musical pagan la mitad".

El ahora director de la banda cesado precisa que este interés por saber cómo van las cuentas relacionadas con la banda responde a la necesidad: "La agrupación está en números rojos, se tiene que plantear la subida de cuotas. No nos parece normal que se obtengan subvenciones del ayuntamiento o de otras instituciones y no nos lo quieren decir, ni nos den explicaciones de qué se hace con ese dinero".

Cuando la asociación cesó al director de la banda en septiembre, se convocó una asamblea de la agrupación musical "y en la votación salió por mayoría que debía quedarme en mi puesto". Sin embargo, los músicos están en un brete, porque si deciden independizarse de la entidad vecinal, se quedarán sin los locales en la avenida Pablo Gargallo, donde dan las clases de la escuela y donde ensayan.

Así están las cosas. Y mientras los músicos que se han alineado junto a su director preparan el concierto-protesta del próximo sábado para pedir un cambio en la junta de la asociación y la readmisión de Rafael Castera, trabajan también los abogados. "No nos ha quedado más remedio que acudir al pleito para reclamar el cambio de la junta".

Según cuentan Rafael Casterá y algunos de sus músicos, la banda de La Alajafería oficial se ha quedado reducida a poco más de diez integrantes, "casi todo chavales que están en la escuela". Para atender sus compromisos de actuación, "llaman a otros músicos de fuera, se van arreglando como pueden".

En el lado de los disidentes, hay garantía de que los pasodobles, o cualquier pieza que interpreten en su protesta, sonará bien: de ello se encargarán tres trompetas, dos tenores, tres clarinetes, un bombardino, dos percusionistas, tres saxofones altos y una flauta. "Nos faltarían los trombones y un bombardino, que se han quedado en la asociación".