El Ebro ha aportado este año al Mediterráneo menos agua de la que la reforma del Estatuto de autonomía reclama como reserva estratégica para asegurar el desarrollo de Aragón. Si se descuenta el caudal ecológico, los presuntos sobrantes del Ebro han supuesto, en el segundo año de sequía, menos de la mitad del caudal que reclama la comunidad.

Según los datos facilitados por la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), el volumen aportado por el río en Tortosa fue durante el pasado año hidrológico --del 1 de octubre del 2005 al 30 de septiembre del 2006-- de 6.011 hectómetros cúbicos, con un caudal medio de 191 metros cúbicos por segundo.

La quinta disposición adicional de la propuesta de reforma del Estatuto aragonés "considera que es necesaria una reserva de agua para uso exclusivo de los aragoneses de 6.550 hectómetros cúbicos" para garantizar "el cumplimiento del derecho preferente al aprovechamiento de los recursos hídricos que discurran por el territorio de la comunidad". Habría sido de imposible cumplimiento en los últimos dos años. Como también lo habría sido una elevación notable del caudal ecológico del Delta.

RESERVA ECOLÓGICA La aportación ecológica está fijada en 100 metros cúbicos por segundo, lo que supone 3.015 hectómetros anuales: equivale a lo que cabría en dos pantanos de Mequinenza, en más de siete como El Grado o más de seis del tamaño de Yesa. Este año no ha llegado a duplicarlo. El pasado, por poco: el Ebro llevó en Tortosa 6.699 hectómetros, es decir, 212 metros cúbicos por segundo.

Con todo, no han sido los peores años de la historia: el Ebro se quedó en 4.121 hectómetros cúbicos en el año 2001-2002, en 4.284 en 1990, en 6.240 en el 2001 y en 6.987 en la campaña anterior. En los dos primeros ejercicios, solo le sobraron 30,6 y 35,8 metros cúbicos por segundo por encima del caudal ambiental.

La determinación de la cantidad de agua que debe circular por el Delta del Ebro con fines ecológicos ha abierto, desde el inicio de la reforma del Plan Hidrológico Nacional con el último cambio de Gobierno en Madrid, un tenso debate territorial. La ley indica que la Generalitat catalana participará en su determinación, lo que provoca el rechazo de las comunidades situadas aguas arriba, que consideran que una cifra elevada hipotecaría el aprovechamiento de los recursos de los afluentes --el agua tendría un uso predeterminado--, y del Levante, que vería esfumarse las posibilidades de un trasvase. Mientras tanto, el último documento de trabajo sobre la elaboración del Plan Integral de Desarrollo del Delta determina que la cifra será acordada en el Consejo del Agua del Ebro, órgano en el que están representadas todas las autonomías de la cuenca.

Otra cosa es que existan recursos para cubrir tantas demandas ambientales y estratégicas. Este mismo año, la media mensual de aportaciones del río en Tortosa no alcanzó en junio el caudal ecológico y otros seis meses lo logró sin holgura, con menos de un 20% de margen. No es la primera vez que pasa. Hace una década, el Ebro pasó más de medio año --de mayo a noviembre de 1995-- sin alcanzar el nivel mínimo ambiental.

Y ocurría con relativa frecuencia antes de que en 1965 entrara en servicio el pantano de Mequinenza. Entre 1913 y esa fecha, antes de que la extensión del regadío y los nuevos usos higiénicos dispararan la demanda, se registraron las mayores aportaciones al Ebro --en 1915 superó los 30.000 hectómetros, seis veces más que ahora--.

También las peores: la falta de regulación impedía garantizar un caudal mínimo --aunque no fue tasado hasta el Plan Hidrológico del Ebro, en 1996--. Así, de los años 30 a los 60 era habitual no llegar a los 100 metros cúbicos por segundo en agosto --hubo años de 23-- y nada infrecuente que ocurriera en el mes de septiembre.