Interpeñas se saltó el horario de cierre marcado por el Ayuntamiento de Zaragoza todas las noches de las fiestas del Pilar. La licencia de funcionamiento permitía a la carpa pinchar música hasta las cinco de la madrugada, pero las emisiones nunca cesaron antes de las seis de la mañana y se prolongaron hasta las siete los días de mayor afluencia de público, es decir, la víspera del Pilar y los dos fines de semana de los festejos.

Esta extralimitación del horario se saldó con diez denuncias interpuestas por agentes de la Unidad de Protección Ambiental de la Policía Local. Estos partes policiales supondrán la apertura de un expediente administrativo, trámite que, igual que en años anteriores, se saldará dentro de unos meses con la aplicación de una sanción económica.

El año pasado, el coste en el que se valoró este incumplimiento de la licencia durante las fiestas del 2004 fue de 6.000 euros, una cifra reducida si se tienen en cuenta los beneficios económicos que le reportó a la carpa continuar la venta de bebidas alcohólicas y comida durante una y dos horas más de lo autorizado cada día en su permiso municipal.

Las denuncias no pillaron desprevenido al presidente de la Federación Interpeñas, Ricardo Casasús, quien argumentó que el horario de cierre se demoró por el propio proceso de desalojo del pabellón. "Desalojar una carpa de 25.000 personas no es lo mismo que vaciar un bar. No podemos echar a la gente en 20 minutos, por eso se demoró tanto el cierre", justificó Casasús.

SOLICITUD DE UNA AUDITORÍA Quienes peor encajaron este incumplimiento del horario fueron los vecinos denunciantes, para los que las denuncias de la Policía no son más que el inicio de la historia de todos los años. El malestar se debe no solo al horario de cierre, sino también a las mediciones acústicas realizadas por la Policía Local en sus casas. La mayoría ha dado positivo y, en algunos casos, casi se ha doblado el nivel permitido.

"En mi casa nos midieron 43 decibelios a la una y media de la madrugada, pero otras mediciones en el mismo edificio han alcanzado los 47, cuando lo permitido son 27. Ya basta de incumplimientos", detalló Jesús García, uno de los ciudadanos afectados.

La indignación, después de diez años soportando molestias por el ruido, ha llegado a tal punto que esta semana la Asociación de Vecinos Larrinaga Montemolín se reunirá con su abogado para concretar las acciones a desarrollar. "Nuestra intención es solicitar una auditoría de Interpeñas a la Agencia Tributaria. Ya vale de que el ayuntamiento nos venda la moto de que Interpeñas es una organización sin ánimo de lucro, cuando lo único que hay es una empresa que está ganando dinero y está incumpliendo sistemáticamente la ordenanza de ruido y los horarios de cierre", sostuvo el afectado, miembro también del colectivo vecinal.

Este ciudadano presentó un escrito en el registro municipal el pasado 28 de septiembre solicitando que la Policía Local actuase de oficio cada noche y realizase mediciones y controles del horario de cierre. Asimismo, reclamó la instalación en la carpa de conciertos de unos limitadores de sonido, que evitasen sobrepasar los 90 decibelios que figuran en la licencia. El consistorio zaragozano hizo caso omiso de estas solicitudes.