El arzobispo de Zaragoza es uno de los miles de aragoneses que verá mermada la capacidad de su carnet de conducir, después de ser pillado en falta por la Guardia Civil de Tráfico. Monseñor Manuel Ureña no respetó el código de circulación en un reciente viaje a Ejea de los Caballeros, y ese despiste puede costarle hasta seis puntos y una importante sanción económica cuando se resuelva el proceso.

La velocidad es una de las pasiones del arzobispo zaragozano, que a diferencia de otros altos representantes de la Iglesia católica conduce su propio coche para desplazarse por toda España. Hace unas semanas, cuando monseñor viajaba a Ejea de los Caballeros, llegó prácticamente a doblar la velocidad establecida para circular por el casco urbano de Tauste, momento en el que uno de los radares que tiene desplegados la Dirección General de Tráfico pilló al arzobispo.

Las nuevas normas de circulación establecen serias sanciones para aquellos conductores que doblan la velocidad o la superan en 30 kilómetros, como parece ser el caso que protagonizó monseñor Ureña, que atravesó el casco urbano de la localidad cincovillesa a casi el doble de la velocidad permitida, según consta en el expediente que tramita la Guardia Civil de Tráfico. Dicho expediente se encuentra en fase administrativa y está pendiente de resolver cualquier alegación o recurso que haya podido presentar monseñor Ureña. En el caso de que ni la alegación o el recurso fueran tenidos en consideración, el arzobispo podría enfrentarse a una sanción que oscila entre los 300 y los 600 euros y la pérdida de hasta seis puntos en su permiso de conducir.

Es conocida la pasión por los coches y la velocidad que tiene monseñor Ureña, que conduce un flamante coche con el que hace una media anual de 60.000 kilómetros, según afirmó en una entrevista concedida a este diario la pasada primavera. En aquella entrevista, el arzobispo negó que le hubiera parado nunca la Guardia Civil por conducir de manera temeraria: "No voy a toda pastilla, eso es una leyenda", dijo.