Si en la vida civil costara tanto hacer cumplir una decisión judicial como en el ámbito religioso, esto sería jauja para tramposos, delincuentes y maleantes. No me imagino yo, por ejemplo, a la Seguridad Social, sentencia favorable en mano, esperando pacientemente a que un empresario decida saldar sus deudas. Ni manifestaciones, ni tibias llamadas al orden, ni puestas en escena de cara a la galería. El Vaticano ha dicho, por enésima vez, que los bienes de las 113 parroquias son de Aragón y punto. En los tribunales normales se presentaría un exaequatur, se solicitaría una ejecución de sentencia y en poco más de un mes... ¡A todo amén!. Periodista