José Ángel Biel Rivera cumplirá 65 años cuando acabe la próxima legislatura, en el 2011. Si le salen las cuentas y consigue gobernar en el Ayuntamiento de Zaragoza y en la DGA, llevará exactamente 33 años manejando las riendas --siempre en la sombra-- de Aragón y tomando decisiones trascendentes para la comunidad. Ha estado en siete de los diez gobiernos autonómicos, y en todos ellos siendo el presidente en la sombra. Fue él quien pactó la vía lenta y el retraso autonomista para Aragón, en los pactos de la Moncloa. Fue él quien ha dirigido en silencio la reforma del Estatuto. Fue él quien dio el poder en su día al PP. Fue él quien dio el poder en su día al PSOE. Fue él quien promovió las más importantes leyes. Es él quien impide el reconocimiento de las tres lenguas de Aragón. Fue él quien promovió la universidad privada. Fue él quien consiguió que un Gobierno socialista premie la educación y la sanidad privada sobre la pública.

Y ahora, cuando apunta ya hacia el final de su carrera, juega con ventaja respecto a sus adversarios. Puede mirar con perspectiva de sus 30 años en la brecha, lo que le da un aire de suficiencia que irrita a sus enemigos. Y es mejor no ser enemigo suyo, pues detrás de su bonhomía se esconde un animal político capaz de fagocitar a quienes le acechan. Su inteligencia política y sus dotes negociadores son un arma eficaz para conseguir, aun cuando más de uno ha dado por muerto al PAR y a su presidente, seguir manteniendo la parcela de poder y la cuota de decisión. Y así desde 1978.

"Nadie duda de mi eficacia política, y nadie me ataca por mi gestión, porque le meto horas, trabajo y hasta cierto punto soy eficaz. Me atacan porque soy objetivo político de primer grado", reconocía ayer durante su comparecencia. Y tiene razón. Nadie en Aragón es capaz de desatar por igual amores y rechazos. Su ironía provoca por igual hilaridad y rechazo. También presume de que es fácil llevarse bien con él. Si no se le lleva la contraria.

Presume de tener otras armas: "Tengo sentido del humor y soy un hombre libre. Así, nadie puede hacerme daño", ha repetido en más de una ocasión. Y advierte que va a dar juego en la próxima campaña electoral. Nadie lo duda, pues sus declaraciones están siempre lanzadas con la cervatana de la ironía envenenada.

Biel es inteligente y mediático. Pocos partidos con un porcentaje de votos similar pueden presumir de tener un líder con tan alto grado de popularidad. Esa popularidad es la que le ha obligado ahora a presentarse a Zaragoza, convencido de que su tirón evitará el batacazo del partido en Zaragoza. Es su última baza, y lleva todo triunfos. ¿Jugará bien las diez últimas?.