Los avances tecnológicos del siglo XX crearon el espejismo de poder asegurar el bienestar sobre la Tierra mediante el dominio de las fuerzas de la Naturaleza, pero junto a grandes logros aparecieron graves desequilibrios ecológicos y sociales derivados del despilfarro en la administración de los recursos y la desigualdad en el acceso a los bienes. A principios del siglo XXI, la Humanidad se enfrenta a problemas de índole ambiental, entre ellos la grave crisis del agua.

Piensen en el agua como elemento vertebrador. El agua determina la configuración de nuestros territorios y, como consecuencia, la configuración de nuestras infraestructuras. Y no solo las hidráulicas --que han posibilitado el abastecimiento y saneamiento de los asentamientos humanos, la irrigación, la generación de energía eléctrica y la mitigación de catástrofes-- sino también las infraestructuras lineales y el urbanismo.

Esa permanente convivencia entre las infraestructuras, la población y el territorio hace necesaria, en la ejecución de los proyectos y obras, la inclusión de parámetros ambientales con el mismo rango que para la Geología, la Hidrología o el Clima. El ingeniero debe aplicar su ingenio y sus conocimientos para encontrar la solución más eficiente, la infraestructura que presta el mejor servicio a los menores costes ambientales, sociales y económicos.

Por eso, el trinomio Agua Biodiversidad e Ingeniería es mucho más que una combinación como cualquier otra. Por eso, ese es el lema que se ha elegido para el III Congreso de Ingeniería Civil, Territorio y Medioambiente, que se ha celebrado en Zaragoza por su pasado y, sobre todo, por su futuro: porque la ciencia, la ingeniería y la ciudadanía tienen la vista puesta en la celebración de la Exposición Internacional del 2008 sobre Agua y Desarrollo Sostenible.

La crisis mundial del agua se presenta con frecuencia en diferentes foros como un problema de escasez, de falta de oferta de recurso. Sin embargo, es una crisis de gobernabilidad que exige el desarrollo de planes, estrategias y actuaciones para una gestión sostenible del agua, más inteligente, eficiente, justa y solidaria en sus cuatro dimensiones: la social, la económica, la política y la ambiental.

La frontera de lo posible no es siempre, sin embargo, el límite de lo pragmático o, mejor dicho, de lo óptimo. En demasiadas ocasiones pretendemos aplicar las soluciones técnicamente más avanzadas a países que no las pueden financiar. Un esfuerzo del ingenio debe abordar la búsqueda de soluciones económicamente viables y sostenibles aplicando en muchos casos soluciones que fueron exitosas en países hoy desarrollados cuando transitaban por la senda del desarrollo.

La buena gestión de los recursos es fundamental para la vida y la salud. El derecho humano al agua es indispensable para una vida saludable y digna. Se trata, como estableció Naciones Unidas en el 2002, de "un pre-requisito para todos los demás derechos humanos".