Esto le puede pasar a cualquier ciudadano español que va por carretera y hace muchos kilómetros". De esta manera restaba ayer importancia el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, a la multa que ha recibido tras ser captado por un radar cuando iba al volante de un turismo a gran velocidad por el casco urbano de Tauste.

Monseñor Ureña, reconoció ayer durante la inauguración del rastrillo solidario de la Fundación Federico Ozanam que en un reciente viaje fue multado por la Guardia Civil por superar el límite de velocidad, tal y como desveló EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. Según la norma de circulación, esta infracción le podría costar seis puntos en el carnet de conducir y una sanción económica que oscilaría entre los 300 y los 600 euros. No obstante, todavía no se ha determinado la sanción que se le impondrá.

Además, consideró como "algo extraordinario y maravilloso" el radar porque ayuda a las personas a que no superen la velocidad. El arzobispo aseguró que cuando fue cazado por el radar, al doble de velocidad permitida, iba por una carretera recta por la que no pasaba nadie y que no vio la señal que limitaba la velocidad.

"El hecho de recibir una multa de tráfico es algo ordinario y que le pasa a muchísimos ciudadanos", afirmó Ureña, quien insistió en que no tiene especial interés y que ir a la velocidad indicada es "una cosa obvia y natural".

Ureña mostró su agradecimiento por el interés que ha levantado este episodio, ya que demuestra la "gran preocupación" que hay por el arzobispo, que fue captado por el radar cuando viajaba a la localidad de Ejea de los Caballeros.

El expediente de la multa está en fase administrativa y pendiente de resolver las alegaciones o recursos que se puedan presentar. En el caso de que ni las alegaciones ni el recurso fueran tenidos en consideración, el arzobispo se enfrentaría a las duras sanciones que la ley establece para aquellos que doblan la velocidad permitida o la superan en 30 kilómetros.

UN APASIONADO CONDUCTOR La velocidad y los coches son algunas de las pasiones conocidas del arzobispo de Zaragoza. A diferencia de otros altos representantes de la Iglesia católica, Ureña no tiene chófer, conduce su propio coche, un Peugeot 407, para desplazarse por toda España. Realiza unos 60.000 kilómetros anuales.

Aunque existían rumores sobre su afición por la velocidad, el arzobispo negaba hasta el año pasado que hubiera sido parado por la Guardia Civil por conducir más rápido de lo permitido.