Ocho tuberías entrañan el riesgo de acabar convirtiéndose en autopistas por las que el mejillón cebra podría terminar expandiéndose a varias cuencas del norte de la península e, incluso, atravesar los Pirineos y llegar al río Garona, en el sur de Francia. Se trata de los ocho trasvases activos que toman sus aguas del Ebro o sus afluentes. Algunos no han tomado aún ninguna medida preventiva para evitar la proliferación del molusco, que ya ha sido localizado en Álava y en tramos altos de varios afluentes del curso medio del Ebro.

El Ministerio de Medio Ambiente dispone desde hace cinco años de informes que le recomiendan "evitar la comunicación con otras cuencas fluviales de las aguas procedentes de los tramos afectados". El primero, recibido por la Dirección General de Conservación de la Naturaleza en el 2002, fue elaborado por el Grupo de Naturaleza Freire. Después solicitó otro al Consorcio para la Protección Integral del Delta del Ebro, con un presupuesto de 20.000 euros.

Fuentes de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) señalaron que desde el organismo de cuenca no se ha ordenado hasta el momento la adopción de medidas concretas para evitar el trasvase de la plaga a otras cuencas. "Las infraestructuras de transporte del agua dependen de los receptores", anotaron. No obstante, no descartaron incluir recomendaciones en el futuro plan de choque contra el molusco. Este documento verá la luz antes de acabar el año si se cumplen las previsiones.

Las transferencias

El Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón declinó pronunciarse sobre la conveniencia de mantener activos los trasvases, suspenderlos o aplicar en ellos medidas preventivas, ya que todos están situados en otras comunidades autónomas.

Los dos principales se encuentran en el País Vasco y Cataluña. El Zadorra-Arratia lleva anualmente en torno a 260 hectómetros cúbicos de agua desde los embalses alaveses de Urrúnaga y Ullívarri a los 54 municipios integrados en el Consorcio de Aguas Bilbao-Vizcaya. El segundo es el del Ebro al Campo de Tarragona, que traslada al año unos 70 hectómetros desde el Delta a la zona industrial de Tarragona.

El resto trasvasan unos 20 hectómetros cada campaña. La mitad van del río Ciurana, situado en la margen izquierda en el tramo bajo del Ebro, al embalse de Ruidecañas para cubrir las demandas agrícolas y urbanas de la comarca de Reus. El Ebro-Besaya lleva recursos del pantano de cabecera de la cuenca al área cántabra de Torrelavega. Otras tres transferencias, de menor entidad, transportan agua del Cerneja a localidades cántabras, desde ese mismo río a Bilbao y desde el Alzania hacia Tolosa, Alsasua y Orio.

Álvaro Tapia, técnico municipal de Torrelavega, explicó que "no se ha planteado" la posibilidad de que les llegue la plaga a través del trasvase. De hecho, ni siquiera han llegado a colocar tamices para evitar que se introduzca en su red. Solo disponen del filtro "de toda la vida", que no sería muy eficaz: "Pasan hasta las truchas", explica.

En Euskadi están más concienciados, aunque ven el problema lejos al no haber llegado la plaga a los embalses de Urrúnaga y Ullívarri. "Las medidas son muy difíciles de tomar", indica Jon Ander Etxeberría, jefe del laboratorio del Consorcio de Aguas Bilbao-Vizcaya. No obstante, destaca que nos va a ir "bien" como medida preventiva la prohibición, a partir del año que viene, de utilizar lanchas de motor en los pantanos, ya que reducirá el riesgo de que el molusco pueda ser importado desde otros pantanos.

Etxeberría anotó que los dispositivos de cloración y los filtros de carbón impedirían que el mejillón cebra se asentara en las redes de distribución, aunque advirtió del riesgo de que colonice, y llegue a dañar, las instalaciones de bombeo y las conducciones previas a las potabilizadoras --peligro que se da en la totalidad de los trasvases, sean para uso urbano o agrario--. También advirtió de la posibilidad de que la proliferación de esta especie invasora "llegue a modificar la calidad del agua, pero eso es algo que solo ocurriría a largo plazo".

Previsión y riesgos

La tranquilidad con la que los gestores de los abastecimientos de agua trasvasada del Ebro se enfrentan a la plaga del mejillon cebra contrastan con lo previsor que fue el anterior Gobierno central, que planificó la instalación de filtros en las tomas del Bajo Ebro cuando diseñó las transferencias de recursos a Levante y Cataluña al incluir entre sus riesgos la exportación de especies invasoras. Ahora, fuentes de todo el arco parlamentario coinciden en señalar que la extensión de la plaga neutraliza de hecho cualquier proyecto de trasvase, ya que entrañaría el riesgo de propagar el molusco.

Por otro lado, existen posibilidades, aunque remotas por la baja temperatura del agua en su cabecera, de que uno de los afluentes del Ebro --el Segre, que ya tiene colonias en su tramo medio-- pudiera actuar como vía para que el mejillón cebra llegara a Francia. Por un lado, existe un trasvase bidireccional desde el lago Lanouse hacia un afluente del Garona. Por otro, desde el tramo alto del río se drenan caudales hacia el país galo --por el macizo de Puymorens-- y hacia la cuenca barcelonesa del Llobregat. En este último caso, tatos como para alimentar una central hidroeléctrica.