Estamos escuchando estos días sorprendentes declaraciones de PP y PAR sobre el hundimiento de un pabellón del Seminario Metropolitano durante el proceso de rehabilitación que se está llevando a cabo. Con una desvergüenza propia de quien no hubiera tenido nada que ver con este edificio, los portavoces del PAR y del PP están tratando de lanzar la piedra contra PSOE y CHA y esconder la mano de su propia responsabilidad. La misma mano que levantaron hace 5 años para comprar el edificio por un precio de escándalo sin comprobar su estado. Hagamos memoria.

En el 2002, el gobierno municipal conformado por PP-PAR aprobó un convenio con el Arzobispado de Zaragoza mediante el que el Ayuntamiento se quedó con el Seminario y Fuenclara -dos edificios catalogados en muy mal estado- y le reconoció a cambio al Arzobispado la posibilidad de edificar más de 350 viviendas libres. En aquellos momentos, el convenio fue aprobado con los votos en contra de PSOE y CHA.

En aquellos momentos nadie realizó una valoración, ni un análisis exhaustivo del estado de las paredes y pilares del edificio. Ni a PP ni a PAR le preocuparon estas cosas: solo desde la oposición pedimos en aquel momento que no se firmara el convenio hasta no hacer los ensayos suficientes. Sin éxito. El acuerdo se aprobó sin incluir siquiera una valoración económica.

Resulta irónico leer en la contraportada de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN del pasado viernes las declaraciones de un seminarista, cincuenta años después, que vivió la construcción del edificio en la postguerra y vio cómo se llevaron de extraperlo el cemento destinado a esa obra. Por qué no se hicieron los análisis que solicitamos, por qué aprobaron una operación tan desfavorable para el ayuntamiento, por qué PP y PAR unieron sus fuerzas y sus votos para cerrar a cal y canto la compra sin posibilidad de marcha atrás aunque cambiara el gobierno municipal. Son preguntas que nadie responde. En lugar de eso es mucho más fácil acusar a los demás y levantar una cortina de humo sobre una operación de ética más que dudosa.

Y en esta herencia envenenada, quienes hemos asumido el gobierno municipal estamos realizando una rehabilitación de gran envergadura que está obligada a solucionar los problemas a medida que afloran, realizando pruebas de ultrasonidos y catas previas pilar a pilar y forjado a forjado antes de empezar a consolidar.

Rehabilitar un edificio protegido de unas dimensiones como el Seminario no es una tarea fácil, pero nos comprometimos a recuperar los edificios históricos de propiedad municipal y es lo que estamos haciendo. Lo contrario hubiera sido dejar que pasara en Zaragoza lo que ha pasado año tras año con tantos y tantos edificios de la historia de nuestra ciudad: desidia y abandono.

Y de la misma manera que nadie duda ahora de que el esfuerzo que hemos invertido en Casa Soláns en los últimos tres años ha merecido la pena, todos pensaremos que se ha hecho una gran inversión cuando visitemos el Seminario de Santiago Lagunas trasformado en la más moderna ciudad administrativa de toda España. Tiempo al tiempo.

Por el momento, y a pesar de las plagas y catástrofes que diariamente nos anuncian PP y PAR, la obra sigue adelante con cuantos refuerzos en seguridad son necesarios para salvar la deficiencia estructural del edificio.

Eso sí, siempre he dicho y reitero ahora que defenderé los intereses públicos hasta el final: de momento la empresa levantará el pabellón que se ha hundido sin coste alguno para el ayuntamiento y los servicios jurídicos determinarán quién es responsable y por tanto quién paga lo que hay que invertir para salvar los defectos ocultos de un edificio comprado a precio de oro por PP y PAR. Mientras tanto, qué cosas tiene la vida: ¡Quienes compran a precio de oro un edificio que lleno de taras, le echan el muerto a quien intenta arreglarlo!