José María Avilés es psicopedagogo y, desde hace diez años, investiga el fenómeno del bullying, el maltrato entre iguales. Este fin de semana ha participado en unas jornadas sobre convivencia celebradas en Zaragoza y organizadas por el sindicato STEA.

--¿Cuáles son las características del bullying?

--La intencionalidad del agresor, la recurrencia, la repetición de los actos, y el desequilibrio de poder.

--¿Desequilibrio de poder?

--Sí. No es un conflicto al uso. En este caso las dos partes no están en condiciones de argumentar sus opiniones, la víctima es incapaz de defenderse.

--Muchas veces se relaciona el bullying con el ámbito educativo ¿es un fenómeno escolar?

--No, se da en muchos otros ámbitos. El problema es que este asunto en la escuela se está magnificando. La proliferación de estudios, a veces no muy rigurosos, crean alarma social innecesaria. Las investigaciones científicas coinciden en que en España el índice de maltrato en los colegios oscila entre el 3% y 6%. Es bueno reconocer el problema pero no hay que ver acoso detrás de cualquier esquina.

--¿Qué ha cambiado desde hace diez años?

--Todo. La sociedad ha evolucionado y la escuela es un reflejo de ello. Las aulas no son ni mejores ni peores, son distintas, los chicos tienen distintos problemas y hay que buscar nuevas soluciones. La dificultad es que en muchas ocasiones no nos ponemos de acuerdo en qué pautas seguir para llegar a una buena convivencia.

--¿Cree que la escuela se está adaptando a los cambios sociales?

--Lo está intentando. Pero desde hace tiempo percibimos que existe desde las familias un escapismo educativo. Se carga sobre los colegios toda la responsabilidad educativa. Los niños están en una especie de limbo educativo en el que educa la prensa, la tele, los videojuegos, los padres, los canguros... Todo el mundo, pero con cierta descoordinación. Un niño no puede adquirir valores en cinco horas de clase, la educación en casa es crucial.

--¿Cuál es el problema que subyace tras esto?

--Es una cuestión de calidad pero también de cantidad, cantidad de tiempo que los padres pasan con sus hijos. Es fundamental que la familia se implique en la educación de sus hijos.

--¿Los padres se han vuelto blandos?

--Muchas veces prefieren no enfadarse en los pocos ratos que pasan con sus hijos. Pero la educación requiere enfados, renuncias y esfuerzo. Además, existe una gran sobreprotección.

--¿Cómo perjudica al niño la sobreprotección?

--No le enseña a enfrentarse con las dificultades. Yo siempre digo que hay que educar para la frustración, ya que es ante los problemas cuando el niño aprende de verdad.

--¿Hay que hablar de violencia o de convivencia en los centros?

--De las dos cosas, de lo que exista. Aunque básicamente hay que hablar de convivencia en positivo, de la educación en valores como la ayuda y la cooperación que son contrarios a la violencia.

--¿Qué soluciones propondría para erradicar el bullying?

--El número de alumnos por clase debe ser menor, hay que fomentar los desdobles, el papel de los orientadores y las tutorías. Las tutorías juegan un papel fundamental. Tenemos que encontrar espacios para hablar de lo que nos molesta de los otros, de las relaciones y tener conciencia de los problemas para abordarlos y no dejarlos pasar.

--¿Alguna otra medida?

--Sí. Las administraciones tienen que fomentar la presencia de adultos en los espacios donde haya niños. Las investigaciones revelan que su sola presencia disminuye el bullying un 50%. El problema es que eso, como otras medidas concretas, cuesta dinero.