Empezó la cosa muy bien. Con la polémica del trasvase, Marcelino Iglesias había estrechado unos fuertes lazos con José Luis Rodríguez Zapatero. Y los primeros meses del Gobierno del PSOE en La Moncloa se tradujeron en la recuperación de unas relaciones Madrid-Aragón que estaban muy maltrechas por los enfrentamientos hidráulicos de la etapa anterior. Pero en las últimas semanas, Iglesias se ha visto obligado a sacar la cara por algún compañero socialista de Madrid. Y ha tenido que aguantar algún que otro jarro de agua fría.

El último episodio se registró la semana pasada, cuando trascendió que la Abogacía del Estado ha pedido al Tribunal Constitucional que desestime el recurso de Aragón contra el Estatuto de Valencia. Múltiples fueron las críticas de quienes consideraron que el Gobierno central se ha puesto de parte de la Comunidad Valenciana en una polémica --la del agua-- que ha dado y quitado muchos votos. Y es que la DGA recurre ese texto porque se arroga el derecho a las aguas sobrantes de cuencas excedentarias (la del Ebro lo es). El presidente aragonés, Marcelino Iglesias, ha salido a dejar claro que --diga lo que diga Madrid-- Aragón mantendrá su recurso.

El caso es que así empezó la cosa, pasando de los jefes. En plena bronca por el trasvase del Ebro (en la legislatura estatal 2000-2004), Iglesias echó toda la carne en el asador al afirmar que si su partido, el PSOE, apoyaba esa infraestructura él dimitiría. Los socialistas, en la oposición entonces, corrían el riesgo de perder a uno de sus pocos presidentes autonómicos, que llegó a incluirse en el grupo de barones.

De hecho, los dirigentes socialistas federales no tuvieron empacho en reconocer que Iglesias tenía parte de culpa en el cambio de postura del PSOE sobre el trasvase: si en tiempos los defendió, hoy los rechaza. O casi.

Y es que esa etapa dulce surgida en marzo del 2004, al ganar los socialistas La Moncloa, y en la que se recondujeron las relaciones tiene ya sus puntos flacos, ahora que el PSOE no está en la oposición y que la comunidad aragonesa es una más de sus bazas. Así, el ministro para las Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, se permite decir que el minitrasvase del Ebro a Castellón nunca se ha descartado, para sonrojo de los socialistas aragoneses. O el abogado del Estado no ve riesgos en el Estatuto valenciano.

Pero ha habido algunas más. Destacan las del Ministerio de Fomento, sobre todo porque su número dos es un socialista de Huesca, Víctor Morlán. Hace dos semanas, Iglesias repitió en innumerables actos que Madrid se había explicado mal cuando dijo que no se iba a renovar íntegramente la línea férrea Huesca-Canfranc. La cosa es que eso se dijo, independientemente del hecho de que se está invirtiendo en ese trazado.

También ha sido Fomento el que ha encogido en dinero y plazos el Plan de Teruel. Y el que ahora afirma que la segunda estación del AVE en Zaragoza no tiene siquiera ubicación prediseñada (pese a todos los esfuerzos de la DGA, que incluso se ofreció a pagar el proyecto y cofinanciar el mantenimiento).

No hizo ningún favor la ministra de Cultura, Carmen Calvo, afirmando que el Gobierno central no es competente en el conflicto de los bienes de la Franja, cuando sí lo ha sido en otros tipo de litigios por la propiedad patrimonial. Ni cuando ha pospuestos varias veces la creación del Patronato del Archivo de la Corona de Aragón.

Biscarrués

Ni ayudó nada la titular de Medio Ambiente, Cristina Narbona, al comentar que dado que el embalse de Biscarrués será mucho más pequeño de lo previsto habrá que hacer un proyecto nuevo en lugar de modificar el que ya está tramitado. Iglesias se esforzó por decir que se trató de una simple cuestión de matices que ya se ha solventado.

Aún se puede hablar del contraste al escuchar a Iglesias sugerir que la OPA de Gas Natural a Endesa no le iba muy bien a la comunidad estando detrás el entonces ministro de Industria y hoy candidato a la Generalitat de Cataluña, José Montilla. O de la decepción en la Consejería de Economía por la escasa receptividad de Madrid a aceptar que se le debe mucho dinero a Aragón por los recortes en impuestos decididos unilateralmente por el Estado. Ni lo reconoció el PP ni lo hace el PSOE.

Por todo ello, Iglesias ha pasado buena parte de los últimos plenos de las Cortes sacando la cara a sus compañeros de Madrid. Y quién sabe si mordiéndose la lengua más de una vez. Exactamente como le ocurrió al presidente del PP aragonés, Gustavo Alcalde, a costa del trasvase en más de una ocasión.