"Llevo un mes con la zapatería abierta y me estreno con esto. La caja registradora estaba en la calle y en el escaparate solo se ve el agujero y los cristales rotos". María es propietaria de un negocio de la calle Cánovas de Zaragoza que fue atracado a golpes con una tapa de alcantarilla en la madrugada de ayer lunes, y no podía asimilar varias horas después el lamentable estado en que ha quedado su tienda tras el asalto nocturno.

El botín, según calcula, ha sido mínimo, porque en la caja apenas había dinero y no se han llevado género. Pero ella se queda con el susto y con importantes daños en el local.

El calzado expuesto --tallas especiales para hombre y mujer y también números normales-- seguía en su sitio por la mañana, cubierto de vidrios rotos. Afuera, apoyada en la pared, se podía ver el arma utilizada para romper la luna: un cierre de alcantarilla de los de rejilla, que los ladrones arrancaron de la acera de enfrente.

María no vende joyas ni relojes de lujo, y su establecimiento no está en las calles comerciales del centro. Pero a los vándalos les ha dado lo mismo. De madrugada sonó la alarma y pocas horas después la señora de la limpieza vio el destrozo y dio el aviso a la Policía.

"Los agentes me han dicho que últimamente se está utilizando mucho el sistema de levantar las tapas de hierro en la calle para romper cristaleras y robar. Pesan, pero se pueden desencajar con cierta facilidad y con el impacto destrozan la luna sin muchos problemas", comenta la vendedora.

El cristal era recio y para astillarlo los autores del robo tuvieron que dar más de un golpe. Aún así, una pareja de vecinos que vive en el edificio explicaba que por la noche no oyeron ruidos. "La ventana nos da al patio, pero para hacer esto han tenido que montar un verdadero escándalo", decían los ciudadanos.

Con cinta aislante y una escalera, la propietaria de la zapatería montó un parapeto para que los curiosos no se acercaran demasiado al escaparate, aún con peligrosas flechas colgando.

"Parece raro, pero el agujero ha debido estar varias horas abierto esta noche y nadie se ha llevado ni un zapato. Eso sí, cuando ya estábamos aquí había gente que metía la cabeza dentro de la tienda por el agujero, como el león de la Metro", explicaba la hermana de María.

Lo peor, dicen las dos mujeres mirando el destrozo, es "la inseguridad que te crea encontrarte con algo así. Cualquiera puede destrozarte la tienda y nadie se entera".