Además de visitar el cementerio y pasar miedo en las fiestas nocturnas, los pasteleros se encargan de que el día de Todos los Santos tengan su parte dulce. Los escaparates se llenan de huesos de santo, panallets y buñuelos rellenos de nata y crema, siendo estos últimos los más vendidos. Los huesos de santo adquieren su color blanquecino gracias al almíbar que recubre el canutillo de mazapán. Antiguamente, se rellenaban de una masa dulce de yema, aunque con el paso de los años se fueron diversificando los rellenos. Su valor repostero es alto porque aún se elaboran artesanalmente. Los buñuelos son muchos más ligeros. Inicialmente eran de viento pero hoy se rellenan de distintos sabores. Por último, los panallets, más habituales en Cataluña, son también típicos de estos días. Están compuestos de azúcar, mazapán, limón y huevo.