La Asociación de Vecinos Picarral Allende es no solo una de las más antiguas de Zaragoza, sino también una de las que goza de mejor reputación entre las instituciones públicas debido a la forma seria de trabajar y sus críticas siempre constructivas. Pero mantener esta tradición cuesta esfuerzo y, sobre todo, mucha dedicación. De ahí que en la última asamblea se decidiese por unanimidad abandonar el sistema habitual de reparto de cargos (presidentes, vicepresidente, secretario...) y constituir un equipo de cinco personas que comparten responsabilidad y representación.

Juan José Jordá, líder indiscutible del colectivo vecinal casi desde su fundación, forma parte de este grupo junto con Jesús Gil, Javier Marco, María Dolores Bescós y Bienvenido Buil. Todos ellos se reunieron hace unos días para ofrecer una radiografía del barrio y exponer algunas de las líneas a seguir durante los próximos años. Las prioridades serán dos: la mejora del transporte público y la revitalización urbanística de las zonas más deterioradas del barrio de la mano del convenio que el Ayuntamiento de Zaragoza va a firmar con la Cámara de Comercio.

Pese a las medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Zaragoza para mejorar las conexiones con el centro de la ciudad, como por ejemplo la división en dos del autobús 35, las tres líneas de autobús urbano que vertebran el barrio siguen incumpliendo las frecuencias de manera sistemática. "Son la 29, la 35 y la 36. El principal problema es que estos servicios no se han desarrollado al mismo ritmo que el barrio ha ido creciendo, de ahí que no haya fiabilidad de ningún tipo para los usuarios", expone Bienvenido Buil.

El colectivo ha pensado algunas medidas, como por ejemplo la prolongación de la línea 129 desde el edificio de Kasan (Actur) hasta la plaza Mozart, para dar servicio al barrio. O también dividir la número 29 en el centro de la ciudad, en el entorno de la plaza de San Miguel o de la de España.

Sin embargo, el punto que centra la atención es el convenio que el Ayuntamiento de Zaragoza va a firmar con la Cámara de Comercio para recalificar más de 12.000 metros cuadrados que la institución posee en el barrio del Picarral. El interés de esta operación radica en que, para lograr ese cambio de uso del terreno favorable a la Cámara, el consistorio podría incluir una serie de contraprestaciones como intervenciones de tipo urbanístico-social en el barrio.

La clave está en fijar el valor, puesto que la asociación del Picarral tiene claro que no bastará con una mera reforma de una plaza, sino que exigirán una actuación potente en las urbanizaciones más deterioradas del barrio. "De momento, el proyecto está paralizado. Ni siquiera han montado la oficina técnica prometida. Las necesidades del barrio las tenemos claras, lo que hay que saber ahora es los costes y las posibilidades económicas", explica Juan José Jordá.

También la eliminación de los olores que producen las factorías del barrio ocuparán gran parte de la agenda de este equipo, así como la reducción de las esperas en el centro de salud.