Un guardia civil cuyo nombre ha salido a relucir repetidamente durante el juicio por el crimen de la calle San Vicente Mártir, dejó ayer bien sentado que él no se valió de su condición de pariente del primer detenido por el asesinato, R. C., para desviar la investigación hacia el actual y único acusado, Juan Carlos Larriba. La defensa sostiene que este miembro del instituto armado pudo influir en la Brigada de Policía Judicial para que hiciera creer a Larriba que, si se declaraba culpable del asesinato del camionero andaluz José María Justicia, "saldría a la calle en dos días".

Los hechos, que se juzgan ante un tribunal del jurado de Zaragoza desde el pasado lunes, sucedieron sobre las cinco de la mañana del 21 de mayo del 2006. Justicia apareció muerto a patadas, en medio de un charco de sangre. "Yo no organicé ningún complot para que la Brigada de Policía Judicial de la Benemérita convenciera a Larriba de que, si se confesaba autor del crimen, saldría en dos días a la calle", afirmó este testigo, citado por la defensora, Carmen Sánchez Herrero.

El guardia civil aseguró que está destinado en Tráfico y que no se relacionó con el instructor del caso, perteneciente a la Brigada de Policía Judicial. Además subrayó que, cuando ocurrieron los hechos, todavía no se había casado con la tía del primer acusado, R. C., que fue puesto en libertad, tras un año en la cárcel, al demostrarse que no tenía nada que ver con el crimen.

"Yo no me he inventado nada", respondió el testigo a preguntas del ministerio público, que solicita para Larriba 22 años de cárcel por asesinato, mientras que la acusación particular, representada por Enrique Trebolle, pide 25.

El resto de la jornada de ayer la ocuparon compañeros de trabajo de R. C., que estaba empleado en un pub del centro. Pero ninguno de ellos aportó datos de interés sobre sus movimientos en las horas previas y posteriores a la muerte del camionero, en la que también estuvo implicado, en menor grado, un menor que hoy comparecerá ante el tribunal. El magistrado que preside la sala ordenó que fuera buscado y llevado al juicio al no presentarse el primer día de la vista.

Asimismo, tampoco arrojó resultados concluyentes el análisis de las muestras de sangre extraídas del lugar del crimen, que se encargaron a un laboratorio de Barcelona. Los análisis determinaron que se trataba de sangre del fallecido y de un amigo que le acompañaba. En este sentido, la sangre hallada en una toalla en el coche de R. C. resultó ser igualmente de este joven.