La guardia civil Raquel Sánchez era la única mujer del contingente español destacado en Sarajevo en el segundo semestre del 2002. Pero su presencia "no causaba extrañeza", aunque ella formaba parte de la Unidad de Policía Militar de Camp Butmir, una fuerza multinacional que se encargaba de la seguridad en la base.

"El país estaba en plena reconstrucción cuando me destinaron a Bosnia, pero todo avanzaba muy despacio y se veían edificios destruidos por todas partes", cuenta Raquel, que salía a menudo de Camp Butmir para llevar ayuda humanitaria a los pueblos.

"Lo que más me impresionó fue que para la gente de allí la bandera española era un símbolo de ayuda, su aparición significaba algo muy bueno para ellos", recuerda. "Una vez, al entrar en un pueblo vimos que los niños, que estaban tomando helados, los tiraron al suelo al vernos llegar y se acercaron a nuestro vehículo para pedirnos caramelos", agrega.

Raquel se movió mucho por el interior de Bosnia y se encontró con un panorama desolador. "Apenas había hombres y gente joven en los pueblos", dice. "Veías muchos niños, ancianos y mujeres, casi todas ellas viudas".

En muchos sitios tenía que explicar que pertenecía a la Guardia Civil, un cuerpo que no existe en todas partes. "Todos se sorprendían de nuestra profesionalidad y de nuestra disponibilidad y de que pudiéramos realizar labores tanto de tipo militar como policial", señala.