El obispo de Teruel y Albarracín, Carlos Escribano, ha bendecido, como manda la tradición, el gran nacimiento que cada año se ubica en la iglesia de San Pedro, en Teruel. El nacimiento, que cuenta con un portal con mula y buey, ocupa una superficie cercana a los 30 metros cuadrados y alrededor de 400 figuras recrean escenas de la vida cotidiana en los albores del cristianismo en Tierra Santa.

Este belén, que cuenta con una historia que viene de muy antiguo, se comenzó a colocar a principios de noviembre y se ubica en la capilla de la Inmaculada, dentro del citado templo.

Cada año se incorporan nuevas figuras y elementos decorativos y entre ellos hay guiños a la ciudad de Teruel, que, bajo un aspecto u otro, siempre aparece reflejada en la maqueta bíblica.

Así, un tramo de la muralla medieval y distintos elementos mudéjares nunca faltan en la composición. Este año, además, se ha montado una reproducción, a escala reducida, de la fachada de la casa modernista del Comercio, en la plaza del Torico, que en la actualidad acoge la sede de la Caja Rural, construida en 1912.

Este nacimiento es posiblemente el de mayores dimensiones de la ciudad de Teruel, donde distintas instituciones civiles y religiosas compiten a la hora de montar espectaculares belenes.

Se da la circunstancia especial, en el caso de la maqueta de San Pedro, de que cuenta con iluminación a base de leds y lámparas halógenas, lo que realza algunos de sus contenidos y ayuda a verlo desde distintos ángulos.

Asimismo, sus autores juegan con la música y las luces, con el fin de dar animación al conjunto. Para que nada falte y la similitud con el Belén real sea lo mayor posible, algunas escenas disponen de elementos que se mueven.

Una de las características que despiertan más interés en los visitantes es un pequeño estanque con pececitos de colores vivos. Lo más sorprendente, con todo, es que tanto este detalle como el resto del Belén ha sido montado y preparado por voluntarios que cada año añaden algunos elementos nuevos.