--¿La carnicería quién la abrió?

--Mi abuelo Segundo. Y siempre en esta misma dirección.

--¿Era una carnicería con el mismo estilo que ahora?

--No, antes solo se vendían morcillas y bolas. Al no haber frigorífico en aquellos tiempos la carne se guardaba en una bodega que aún está.

--¿Por qué no la traspasan?

--Nosotros dejamos la carnicería porque nos jubilamos, pero al cambiar de titularidad, Sanidad exige una serie de normas muy estrictas al nuevo propietario. Algo que en alimentación me parece muy bien. Hemos echado cuentas para instalar una nueva tienda y nos salen 360.000 que hay que invertir.

--¿Ha sido un buen barrio?

--Lo ha sido, pero ha ido a menos. Yo empecé con doce años y he visto que esto se apagaba como una vela. La crisis se ha notado mucho. Y un barrio sin comercios es un barrio muerto.

--Ustedes siempre tuvieron buen género.

--Fue una de nuestras apuestas. Nunca pudimos competir con precios baratos. Toda la carne que sale de Mercazaragoza tiene varias categorías y nosotros siempre hemos adquirido la primera. Nosotros no podíamos competir en precio con las grandes cadenas así que preferimos especializarnos.

--¿Qué les dio fama?

--Las morcillas siempre han llevado fama. Nos las han venido a comprar incluso carniceros de Zaragoza. Algo que simplemente es arroz necesita mucha gracia, no es tan fácil.

--¿Ha cambiado el negocio?

--Ahora nos dedicamos más a elaborar que a la venta de carne. Hacemos mucho preparado, incluso ternasco asado, solomillos a la pimienta verde, ternera guisada, y todo al vacío.

--¿Por qué esta tendencia?

--Porque la mujer desde que se ha incorporado al mercado laboral, tiene menos tiempo de trabajar y agradece las cosas hechas. Guisamos a nuestro gusto y lo hacemos al vacío para que no haya contaminaciones.

--¿Les pueden hacer peticiones de guisos?

--No, no llegamos a tanto...

--¿Qué van a sentir el día del cierre?

--Ahora necesitamos disfrutar de la vida un poco. Muchos días había que levantarse a las cuatro de la mañana a elegir género. Después de 53 años en la carnicería yo he llegado a trabajar semanas de cien horas en Navidad. En esos años solo he cogido cinco meses de baja...

--¿No lo echarán de menos?

--Echaremos de menos a muchos clientes pero la obligación que teníamos era muy alta.