Parece que esto ya no se puede parar: el tiempo respeta, las cofradías lo bordan y el público se aglutina en las aceras y en la plaza de San Cayetano para disfrutar de los desfiles procesionales. Y digo San Cayetano porque, hoy, todas las procesiones menos una, acabarán encerrando sus Pasos en la Real Capilla de Santa Isabel, que si usted es un poco --¿cómo decirlo?-- vago o solo se encuentra cansado, con que acuda, a partir de las nueve, a ver a la cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía en su Vía Crucis por la zona de la parroquia del Perpetuo Socorro, para después bajar tranquilamente hasta San Cayetano, con un mínimo esfuerzo habrá podido contemplar todo el despliegue procesional de hoy.

Como seguro que saca un ratico entre ver a la Eucaristía y las once de la noche, cuando encierre la primera cofradía en San Cayetano, le hago otra de mis propuestas sensoriales --hoy voy a hacerle varias--. Pásese por la Calle Mayor y bajo el blasón de La Pasión encontrará, el que podríamos llamar, segundo hogar de la Semana Santa zaragozana. La Pasión es una cafetería decorada con elementos cofrades, regentada por cofrades, con programación de actividades cofrades, asiduamente frecuentada por cofrades... pero abierta a la ciudadanía en general. Tómese una cañita y deléitese con el batiburrillo que ambienta el establecimiento: instrumentos, fotografías, figuritas, carteles antiguos... todo el local respira Semana Santa por los cuatro costados.

Y no quiero que se me pase ni un día más sin hablar de Gastropasión --www.gastropasion.com -- , una iniciativa de la Asociación de Restaurantes de Zaragoza, que contribuye a que todas esas recetas y sabores que forman parte de nuestro patrimonio cultural no se pierdan y puedan ser disfrutadas por los zaragozanos y por nuestros visitantes. Tradición y vanguardia, aromas de otra época que evolucionan y se modernizan con el paso del tiempo. Treinta restaurantes ofrecen sus propuestas gastronómicas hasta el Domingo de Resurrección. No me diga usted que no estamos despertando a los sentidos esta Semana Santa.

Y ahí va otra, así sin dejar respirar, esta vez una propuesta para el tacto. Quizá en estos cuatro años no se lo haya dicho, pero los cofrades somos gente maja, es por ello que no deben tener miedo de acercarse a nosotros, si nos ven por la calle ataviados con nuestros hábitos, cargando nuestros instrumentos de camino a la procesión o al acabarla. Acérquense y sin vergüenza, pero con respeto, pídanos tocar nuestro bombo, timbal o tambor, sientan la textura del parche de un bombo, lo que pesa un tambor y lo poco que pesa un bombo --les sorprenderá--, sopesen una maza, unas baquetas... Hoy es el día ideal para hacer una de esas peticiones --yo en mis rutas guiadas lo hago con mis feligreses-- acérquense a un cofrade de La Piedad y pídanle tocar su hábito, es el hábito más calentito de nuestra Semana Santa, hecho de lana.

Creo yo que este año no les vendría mal algo más ligerito. Su procesión, con el exquisito Cristo del Refugio, partirá a las ocho de ese mismo emplazamiento para trasladarse hasta San Cayetano. No se pierda sus fantásticos timbales.

Desde el Camino del Vado se acercará, hasta la susodicha plaza, la Cofradía de la Crucifixión, este año con la novedad y, parece ser, que a perpetuidad, de llevar la cara descubierta, puesto que esta cofradía ha decidido eliminar el tercerol, que vestía desde 1981, y volver a cubrirse la cabeza con la capucha de su hábito franciscano. También nos regalan una nueva talla: Nuestra Señora de los Ángeles en su Tristeza, una talla de factura sevillana que se une al patrimonio cofradil.

Desde el Portillo llegará la Oración del Huerto con su esbelto olivo de ramas naturales y su Virgen de la Confortación y poco después Cristo abrazado a la cruz, luciendo la nueva túnica de terciopelo blanco con bordados en oro, su Vía Crucis acabará rondando la una de la madrugada.

Pero la noche aún no habrá terminado, serán casi las dos de la madrugada cuando despidamos a la Virgen de las Lágrimas de la Cofradía del Descendimiento. Esta, que lleva los últimos años restaurando sus pasos de manera ejemplar, nos desvelará esta noche la reforma que ha realizado en los faroles de las Lágrimas, buscando la uniformidad con el resto de atributos procesionales. Precursora en la introducción de jotas en sus estaciones de predicación, abrió el camino a muchas otras que también las han implantado, como es el caso del Prendimiento en su procesión de los Dolores del Domingo de Ramos, o el Silencio, y, desde luego, la Resurrección en su exuberante mañana.

Como les decía, una apoteosis de cofradías en San Cayetano, una tras otra irán haciendo aparición estelar y encerrarán sus pasos entre toques de redobles imposibles y bombazos en escala ascendente. La plaza será un hervidero de público y de cofrades que, una vez acabada su procesión, se quedan allí para ser testigos del siguiente encierre. Nos veremos los de siempre, nos saludaremos, nos invitaremos a una caña y hablaremos de lo humano y lo divino, pero, cuando llegue la siguiente cofradía, guardaremos el más respetuoso de los silencios.