Jonathan Witmar Berreondo Noriega, acusado de matar de 21 martillazos en la cabeza a un transportista de Madrid con el que estaba manteniendo relaciones sexuales, en Zaragoza el 14 de diciembre del 2018, ha declarado esta mañana en la Audiencia de la capital aragonesa ante el tribunal del jurado que en realidad el autor del hecho fue una tercera persona, Emilio el Cordobés, que está citado como testigo.

"Vi cómo Emilio lo golpea con un martillo y se le ven parte de los sesos", ha asegurado el procesado, que se expone a entre 20 y 25 años de cárcel. Berreondo, un solicitante de asilo guatemalteco, ha manifestado que la víctima, que le había pagado cien euros por un servicio sexual, se comportó violentamente con él y pidió ayuda, momento en el que entró Emilio el Cordobés, a quien había conocido "un mes o dos antes".

La víctima, Jorge Villa, había contactado con él a través de la aplicación Wapo ese mismo día poco antes del encuentro, según el acusado.

"El cliente me tiró a la cama, me empezó a llamar "puta, zorra" y a dar bofetadas y me penetró bruscamente", ha manifestado el procesado, que ha subrayado que el agresor le apretó el cuello, tratando de asfixiarlo, por lo que empezó a pedir ayuda tras "zafarse" de él. Al defenderse el acusado, el transportista cayó al suelo y se golpeó en la cabeza con la mesilla de noche. En ese momento, ha añadido, "apareció Emilio por detrás y lo golpeó con el martillo". "Veo mucha sangre y parte de los sesos hasta que ya no se mueve", insiste el acusado.

Varias versiones cambiadas de los hechos

Estas declaraciones, como han señalado la fiscala y el acusador particular, José Luis Melguizo, contradicen las que el procesado realizó a la Policía cuando fue detenido y reconoció su culpa. Las manifestaciones iniciales las modificó ante el juez, cuando dio la versión de que el autor había sido otra persona. Desde su detención, su relato de lo sucedido ha experimentado varios cambios, ha indicado la acusación al jurado.

A iniciativa del Cordobés, según Jonathan, el cadáver de la víctima fue introducido en una maleta, donde permaneció más de una semana en la vivienda del acusado en el barrio Oliver, hasta que el procesado avisó a la Policía simulando que el crimen había sido obra de otra persona, para lo que mostró incluso falsas conversaciones de Whatsapp que le proporcionaban una coartada. En el diálogo ficticio, la víctima escribe que le ha dejado "un regalito" en casa.

"Emilio me dijo que estuviera tranquilo, que él se encargaría de todo y haría desaparecer el cadáver", ha señalado el acusado, que ha relatado cómo entre él y el Cordobés metieron la maleta en un armario empotrado de la terraza. El cuerpo había sido envuelto previamente en un cobertor de cama y asegurado con nailon.

"Una maleta pesada que huele muy mal"

A continuación, Jonathan ha declarado que se deshizo del martillo tirándolo cerca del Ebro, así como de la mesilla de noche y los móviles de la víctima. Además, ha indicado que raspó la pared, para quitar las manchas de sangre, compró pintura y pintó la habitación. Tras ello, al día siguiente, se fue en autobús al País Vasco con su pareja, a la que unas veces describía como periodista y otras como guardia civil.

Jonathan ha mantenido que esta es la versión auténtica de los hechos y que lo que contó a la Policía, "por miedo", era "mentira".

Con todo, José Luis Melguizo le ha recordado fragmentos de sus declaraciones, como la ocasión en que manifestó "Solo pienso en el agujero" y otra en la que reconoció que "estaba haciéndole daño por dentro".

Pasados unos días, antes del descubrimiento del cadáver, el acusado habló con una persona que conocía de una entidad de intercambio de parejas y, visiblemente apurado, le dijo que tenía "un problema en casa" porque "un inquilino había dejado la habitación patas arriba y una maleta muy pesada y huele muy mal".

El padre se echa a llorar

La persona contactada en el club de intercambio de parejas ha descrito al acusado como una persona "adicta al sexo" y "muy reservada" que se presentaba como Gabriel y decía que procedía de Panamá. Y el mismo testigo ha confirmado que antes de la detención del imputado el 22 de diciembre le pidió ayuda en relación con la maleta, ante su extrañeza porque pensó que lo lógico hubiera sido que se hubiera puesto en contacto con su pareja.

El padre de la víctima ha comparecido como testigo y se ha echado a llorar cuando el magistrado que preside la sala le ha explicado que el hombre sentado a su derecha está acusado de matar a su hijo. La familia y los empleados de su empresa de transportes, ha dicho, se alarmaron porque el día de los hechos dejó de responder a los whatsapps a partir del último, a las 12.56. "Me extraña que mi hijo alquilara una habitación porque no paraba por el camino y tenía que entregar unos muebles en Madrid, el cliente estaba esperándole", ha atestiguado el progenitor, que ha dicho que la hija de la víctima tiene en la actualidad 19 años.