La llegada de la pandemia, el confinamiento domiciliario y más tarde el confinamiento perimetral entre comunidades ha provocado que los ciudadanos hayan necesitado trasladarse al medio rural, disfrutar de la naturaleza y aprovechar para poder visitar aquellas zonas que, a pesar de que han estado cerca siempre, nunca se habían parado a admirar.

Es el caso de los Aguarales de Valdemilaz, ubicados en la localidad cincovillesa de Valpalmas, a 70 kilómetros de Zaragoza. Estas formaciones geológicas, resultado de flujos de agua sobre material poco resistente, se han convertido en un atractivo turístico en el último año a pesar de que comenzaron a ponerse en valor hace unos 30 años.

Ahora es raro el fin de semana que el camino que lleva hasta el inicio de este peculiar paisaje no está lleno de coches. Los vecinos de Valpalmas han llegado a contar hasta un centenar de personas en una mañana disfrutando de esta capadoccia particular con sello aragonés.

El alcalde de la localidad, José Lafuente, agradece este movimiento de turistas «que siempre respetando las medidas de seguridad» se acercan a este paisaje y al pueblo, ubicado a dos kilómetros y desde donde se puede salir andando y hacer una ruta hasta ellos. «El puente del 5 de marzo recibimos a muchísima gente, no cabían ni en el camino donde aparcan, pero ayer también estuvo todo lleno», explicó Lafuente

La zona del Moncayo también ha sido un gran descubrimiento para todos aquellos senderistas que, con el Pirineo cerrado o no, se han lanzado a conocer rutas nuevas que comienzan en los pequeños municipios de la zona. Es el caso de Santa Cruz del Moncayo, donde su alcalde, Alberto Val, explicó que la gente de localidades cercanas como Tarazona, «están descubriendo muchos caminos por aquí que antes tenían igual de cerca pero no venían».

Una situación que no deja de ser un gran impulso económico para el bar, que recibe a todos aquellos que se atreven a ascender a la cima del Moncayo.

Desde Faratur insistieron en que hay mucho movimiento en aquellas zonas rurales que no estén masificadas y, sobre todo, que cuentan con naturaleza. «Anento se llena dos veces más de lo que lo hacía antes», explicó Jesús Marco, presidente de Faratur, quien además aseguró que durante esta semana santa la ocupación en el Pirineo se encuentra «entre el 65 y el 80% dependiendo del valle». Unas cifras que, durante el confinamiento de las provincias, provocó que tanto Teruel como Huesca estuvieran prácticamente vacías.

La localidad de Bureta, en la comarca del Campo de Borja, también ha vivido, y vive, el boom del turismo a este tipo de zonas. Según explicó el alcalde de la localidad, Roberto Sánchez, a pesar de que el Ayuntamiento finalmente tuvo que habilitar un parking para unos 80 vehículos, «todos los fines de semana se desborda y la gente tiene que ir aparcando donde puede».

El Burosque Encantado ha sido el que ha hecho que este pequeño municipio reciba a tanto turista dispuesto a disfrutar con los más pequeños de la casa de este espacio natural donde se han colado cientos de duendes y hadas. «Ha sido algo creado para atraer a gente al pueblo y se está consiguiendo, ahora solo queda que les guste y alguno decida quedarse» debido a que todos los negocios de la localidad se están viendo beneficiados.

Todos estos pequeños municipios de Aragón gozan ahora de turismo, de un impulso económico y de actividades que dan vida a los pueblos y a sus vecinos que están encantados de que por fin el medio rural y la naturaleza que les rodea cobren importancia en un momento tan delicado y complicado para toda la sociedad.