Janssen podría ser el nombre de un cantante danés de esos que mueven masas como lo hicieron los Beatles o consiguen hoy otros tantos artistas. Pero no, es el nombre de la farmacéutica con la que Johnson and Johnson está fabricando su vacuna contra el covid. El furor por acceder a ella, de todas formas, es similar a la histeria por las grandes estrellas , a pesar de las dudas en cuanto a sus seguridad que hicieron que EEUU paralizara su utilización (que ahora ya se ha retomado).

Esto se ha podido ver esta mañana en el centro de salud de Las Fuentes Norte, en Zaragoza, uno de los cinco puntos en los que comenzaba a inocularse hoy esta nueva vacuna, que llegó el miércoles a la comunidad. Una larga fila de personas esperaba impaciente a las puertas del ambulatorio y algunos, incluso, se habían adelantado una hora a la cita que tenían reservada. “Teníamos cita para las 11.25 horas”, comentaba un apareja, Loli y Jesús, en el último puesto de la cola cuando aún eran las 10.40 horas. “Ya nos imaginábamos que iba a haber mucha gente, así que hemos decidido adelantarnos”, explicaban.

El problema, en parte, ha sido que la gente a pesar de tener la cita a una hora concreta ha ido más bien cuando le ha apetecido. Y una vez en la fila los sanitarios han ido atendiendo por orden de llegada para evitar multitudes y apelotonamientos. No obstante, la cola iba rápida, y los que esperaban iban acercándose rápido hacia las puertas del centro de salud.

“Ah, ¿que esta es solo es una dosis? Qué alegría me das”, decía una mujer que esperaba en la cola acompañada por su hija. “No lo sabía, no, pero mejor, así no vuelvo. La señora, de nombre Marina Cotaina, aseguraba que no tenía miedo ninguno, más bien muchas ganas: “Estaremos más tranquilos, sí”. Su hija, que le cogía del brazo, asentía. “Es una tranquilidad grande. Quiero que nos vacunemos todos, pero ellos primero, claro. Ya es un paso”, explicaba la joven.

Entre los que esperaban las ganas y la expectación eran el sentimiento más recurrente. “¿Miedo? Ninguno. A ver si se pasa ya esto. Hay que vacunarse. Los que no quieren saber nada de esto hacen muy mal por su parte”, decía un hombre, Arturo Ormaz, que a sus 68 años pidió cita el jueves. “Fue mi yerno el que lo hizo porque nosotros con la aplicación esa no había forma. Estuvo él toda la tarde intentándolo y a las diez y pico de la noche le saltó que había hueco”, explicaba.

Cámaras por todos lados

Una vez dentro, los que iban a vacunarse parecían algo sorprendidos por la gran presencia mediática en el centro de salud. Desde el clásico “si lo sé me peino” hasta el “te dejo que me grabes pero sácame guapa” o el “si lo llego a saber vengo otro día”, los vacunados no acababan de comprender porque todo el mundo les grababa mientras se arremangaban la camisa antes de recibir el pinchazo. Eso sí, las cámaras pudieron contemplar la rapidez con la que iban desfilando los vecinos de Zaragoza por delante de la enfermera que administraba las dosis. En pocos segundos ya se había pulido otro hueco en la fila.

Después de recibir la inyección, los vacunados tenían que esperar en una sala de espera 15 minutos por si surgía algún contratiempo. Ángel Rodríguez era uno de ellos: “Ayer cumplí 70, así que es un buen regalo. La verdad es que llevaba esperando mucho tiempo a este momento y tan solo dura pocos segundos. Ahora ya estoy mucho más tranquilo. Suelo ir al gimnasio y me daba un poco de miedo juntarme con otras personas, pero ahora ya no. A ver si va ya este bicho”, comentaba. En su caso, él había pedido cita ayer viernes.

Preparados, listos, ¡ya!

Cada vez que una vacuna se incorpora a la estrategia de inmunización los enfermeros encargados de administrarla tienen que aprender nuevas tareas. Cada una requiere un tratamiento y las formas de mezclarlas con el suero son diferentes, explica la directora de Enfermería de Atención Primaria del Sector II de Zaragoza, Cristina Gómez. “Las de Pfizer son las más complicadas, por que se tienen que mezclar con mucho cuidado, pero también son las únicas que podemos movilizar y llevar a los domicilios de las personas que no pueden salir de sus casas”, cuenta. Hay viales que se tienen que agitar de arriba hacia abajo, otros que se giran de lado, y de cada marca hay que extraer una cantidad concreta. “Tenemos todo preparado. El personal recibe la ficha técnica para aprender cómo utilizar cada una. Y no abrimos un vial (que son los botecitos en los que vienen los fármacos) hasta que no hemos extraído de otro todo su contenido. Tenemos las jeringuillas preparadas”, dice.