Este fin de semana tendría que haber comenzado el periodo de los descensos as las navatas por los ríos Gállego, Cinca y Aragón, pero la pandemia, por segundo año consecutivo, lo ha impedido. En concreto, el penúltimo fin de semana de abril, el de la festividad de San Jorge, da el pistoletazo de salida a la temporada de navatas, que en su descenso por el río Gállego parten desde la localidad de Murillo de Gállego hasta llegar al puente de Hierro de Santolaria. Precisamente en esta última localidad quisieron recordar este tradicional oficio, que permitió bajar la madera de los bosques pirenaicos a las ciudades, con la colocación de una de estas barcas, a las 11.00 horas, para el disfrute de los asistentes.

A pesar de la lluvia y la pandemia, los navateros de la Galliguera se reunieron en los alrededores de Murillo de Gállego para finalizar la construcción de una navata testimonial. En condiciones normales, estas embarcaciones hubieran comenzado su descenso poco antes del mediodía, para cubrir el recorrido entre la playa de Murillo y el puente de hierro. Es por ello que la asociación no quiso dejar de recordar los preparativos de los días anteriores, aun sabiendo que la navata se quedaría en «dique seco». Así, el sábado se terminaron de atar los verdugos y de ajustar los remos, para que ayer estuviera todo listo en el que hubiera sido el descenso número 28 de las navatas por el Gállego.

«El día ha ido muy bien, con decenas de personas que se han acercado hasta aquí». «Hemos puesto la navata, con los carteles informativos y la idea es dejarla ahí como museo, que la gente que pase por ahí la vea, y se informe de cómo se trabajaba en este oficio», explicó el presidente de la asociación, Pedro Borau.

El trabajo de navatero era uno de los más peligrosos de la época, y comprendía el transporte de los troncos cortados en las zonas de montaña aguas abajo, incluso hasta la costa. Superar todos los obstáculos del río, largas jornadas al sol, y el regreso a casa, caminando en la mayoría de las ocasiones, hacían que pasaran largas temporadas fuera de casa y expuestos a las condiciones meteorológicas.

Los navateros de la Galliguera, junto con la Coordinadora Biscarrués Mallos de Riglos, recuperaron este descenso testimonial hace ya 18 años, dentro de las jornadas culturales de la Galliguera. Desde la coordinadora, se espera que el próximo año se puedan retomar todas las actividades habituales en torno al río Gállego. «Pues imagínate, que llevábamos 18 años ininterrumpidos haciendo el descenso por el río. Ahora estamos con muchas ganas para hacerlo el año que viene a ver si nos dejan», manifestó Borau, sobre sus sentimientos de quedarse en tierra por segunda vez consecutiva.

Además de los vecinos que se acercaron a disfrutar de la exposición de la barca, también se contó con la presencia de los alcaldes de Biscarrués, Santa Eulalia de Gállego, Ayerbe, Las Peñas de Riglos y representantes de Murillo de Gállego, así como de los presidentes de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos y Asociación Amigos de la Galliguera. Un día para recordar por ver la navata de nuevo amarrada en la orilla del río, con la esperanza de que al año que viene puedan lucirlas.