El desabastecimiento de componentes no solo está afectando a la industria del automóvil, sino también a empresas aragonesas de otros subsectores como el de la fabricación de maquinaria o de los electrodomésticos. Bien lo saben en Electrónica Cerler, que hace ya casi un año que empezó a vislumbrar el problema que se les venía encima. A pesar de que la «tensión» y la «incertidumbre» en los suministros se han instalado en su día a día, esta compañía es un ejemplo de cómo ha sabido sortear hasta ahora las dificultades gracias a la anticipación y un cierto ingenio.

«Estamos viviendo una situación caótica en la entrega de materiales», explica Cristina Marín, responsable de compras de la empresa, dedicada al diseño y la fabricación de productos electrónicos. La falta de semiconductores es ahora mismo «lo más crítico de todo», pero el problema de materias primas es general. «Hasta con los tornillos», asegura.

Todo es consecuencia del parón a nivel mundial que se vivió el segundo trimestre del 2020, tras estallar la pandemia. Según Marín, las fábricas pararon y los pedidos cayeron en picado, por lo que los fabricantes redujeron su capacidad para amoldarse a la situación del mercado. «Frenar lleva su tiempo, pero reactivar las capacidades de producción mucho más». Los fabricantes son, añade, «bastante conservadores y no invierten hasta que están muy seguros de que no es una demanda ficticia».

A ello se sumó que el consumo de electrónica no solo no se ha frenado a raíz de la crisis sanitaria, sino que se ha incrementado la demanda de manera considerable. «Gran parte de la gente empezó de manera radical a trabajar en casa y todo el mundo, en mayor o menor medida, hemos consumido algún equipo para acomodarnos a nuestra nueva oficina en casa», apunta.

Auge de la demanda de electrodomésticos

El mundo de la electrónica siempre trae implícito unos plazos de entrega considerablemente largos. Un componente semiconductor, una resistencia o un diodo, por ejemplo, tardan entre 12 y 16 semanas. En un «periodo de alocación» como el que se está viviendo, este intervalo se ha incrementado hasta 50 y 60 semanas. «Con esta situación, el trabajo para tratar de conseguir componentes es bastante complicado y te diría que estresante», lamenta.

En Electrónica Cerlet empezaron a ver en junio del año pasado que los fabricantes ya empezaban augurar un posible colapso en las entregas. «En este momento decidimos mantener los pedidos a nuestros proveedores y dejar pasados a un año vista por lo que pudiese pasar», relata. Estas decisiones, añade, «nos ha hecho la vida un poco más fácil, pero no quiere decir que no estemos viviendo problemas».

Los precios de los componentes se han encarecido un 30% y los del transporte, hasta un 300%

La empresa también ha recurrido al transporte urgente o las compras adicionales de componentes. «Vamos buscando soluciones a problemas a corto plazo, pero también a medio y largo plazo. Si detectamos pedidos mal confirmados para octubre nos ponemos manos a la obra a buscar un plan b», subraya Marín. 

De lo que no se ha librado la empresa es de los incrementos de costes que ha generado esta coyuntura. Los fabricantes de componente han elevado los precios de manera unilateral hasta un 30% y los del transportes se han disparado en algunos casos hasta un 300%. «Si quieres material o hueco en un barco no te queda más remedio que pagarlo». Pese a todo, el 2020 fue un buen año para Electrónica Cerler, con un incremento de las ventas y de la plantilla, que supera los 300 trabajadores.