La vida en las comarcas aragonesas limítrofes con otras comunidades no podría entenderse sin el constante trasiego entre localidades vecinas. La compra, los amigos o cualquier otro trámite necesario pueden tener como escenario Aragón pero también Navarra, La Rioja, Castilla y León o Castilla-La Mancha. Y lo mismo sucede para los habitantes de esas autonomías, siempre bienvenidos con cualquier motivo. La vida diaria es de intercambio y así lo reconocen las zonas occidentales de la comunidad.

Con el fin del estado de alarma, el pasado 9 de mayo, y el fin del cierre perimetral, la nueva normalidad está más cerca en la zona, salvo en las zonas que siguen confinadas, las localidades de Jaca y Calatayud y las comarcas de Campo de Borja y Cinco Villas, todas ellas colindantes, la Ribera Alta y Valdejalón. Así que, durante la última semana, los paseos entre autonomías han estado prácticamente vetados.

La comarca que más lo ha notado ha sido la del Moncayo, donde Tarazona dejó de estar cerrada justo con el fin de la alarma. «Hay mucha gente que estudia o trabaja en Ágreda y Tudela» y aunque en este caso sí que se podía traspasar la frontera, «es cierto que el fin de semana se acentúa porque mucha gente viene a ver la ciudad o pasear por el Moncayo», explica Luis José Arrechea, el alcalde de la localidad zaragozana. «Aquí el movimiento es continuo», sentencia el primer edil de la ciudad, que linda con Castilla y León, La Rioja y Navarra.

Tras el fin del cierre perimetral en Tarazona se ve «otra alegría, con más gente por la calle» y es que «llevamos ya 14 meses con el bicho y existe un gran hartazgo» en la población en general y en el comercio y la hostelería en particular porque «lo están pasando muy mal». También es consciente del riesgo que supone la nueva situación porque «cuántas más personas se muevas, más riesgo existe» por eso «preocupan los datos pero no solo de Tarazona si no en cualquier sitio».

Para el alcalde turiasonense el fin de la alarma se tendría que «haber legislado de otra manera» y apuesta por «la vacunación de los jóvenes, porque son los que más se mueven, los que tienen más riesgo y están más cansados», señala.

En el lado opuesto Calatayud, uno de los municipios más grandes de la comunidad que sigue cerrado. También pueblo de servicios como Tarazona, nota la falta de afluencia de vecinos de otras localidades, que ahora no pueden llegar hasta la capital bilbilitana. «Tengo amigos que trabajan en los supermercados, y de estar perimetrados a no, como de la noche al día. Y se nota que no hay movimiento porque no vienen coches a la estación», expresa Fermín, propietario de la cafetería Los Ángeles, ubicada justo al lado de la estación del AVE.

Arturo, vecino del municipio, muestra su malestar con la situación, después de 10 días ya confinados, mientras descansaba en un banco aprovechando la buena mañana en Calatayud. «Estamos aburridos y malhumorados».

Arturo, vecino de Calatayud, sentado en un banco del municipio JAIME GALINDO

No obstante, los ciudadanos tienen asumido el cierre, y creen que no había otra opción. «Si de verdad estamos así lo normal es que nos confinen», dice Rosa Mari en la plaza del Fuerte del municipio. Eso sí, ve con resignación la libertad de movilidad. «Nos dijeron que por lo menos estaremos cerrados hasta el 5 o 6 del mes que viene, o sea que aún queda…», ríe. «Yo confío en que lo están haciendo bien y si han tomado la decisión es porque tienen los datos para tomarla, sino estamos apañados», aclara Juan, dueño de un estanco.

También está cerrada Jaca, aunque no su comarca, lo que ha hecho que «se notara la movilidad el pasado fin de semana pero muy lentamente porque dependemos de la climatología» y «de que se levante el confinamiento de Jaca», señala Montserrat Castán, presidenta de la Comarca de la Jacetania.

«Hartazgo» en Ejea

Viajando por las comarcas, la situación es similar, con el cierre como protagonista. Sucede en las Cinco Villas. Ejea, cabecera de comarca, también hace hincapié en «ese hartazgo», lo que provoca que se hayan puesto muchas multas, unas por Sanidad (covid) y otras por el ayuntamiento (civismo) pero «no podemos entrar en las propiedades privadas y eso sí es un foco de contagio ahora mismo» reconoce la alcaldesa de Ejea, Teresa Ladrero. Y aunque espera que la apertura de la localidad llegue pronto no descarta «otro confinamiento» porque «tras la no fiestas ha habido rebrotes».

«Creo que ha llegado un punto en el que no hemos asimilado la magnitud de la pandemia», dice con tristeza porque van por el tercer confinamiento y la recomposición de la economía «será complicada».

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En la Comarca de Campo de Borja, el contacto con los navarros es casi a diario, lo mismo que con Tarazona o Zaragoza, donde «la gente viaja diariamente, pero hasta ahora se están cumpliendo las normas», reconoce María Eugenia Coloma, presidenta de la comarca. La zona «se estaba posicionando muy bien en turismo sostenible y se estaba notando un incremento de los visitantes, sobre todo de familias, además de la Ruta de la Garnacha», asegura. Por eso, desea que «acabe cuanto antes» el confinamiento, aunque no Coloma desconoce la fecha porque «si seguimos así que porque hay razones poderosas».

Albarracín, uno de los lugares más turísticos de la comunidad tampoco se ha notado mucho el trasiego, pese a estar abierto. «Imagino que la gente fue prudente (por el primer fin de semana abierto) y lo celebró en sus lugares de origen», porque en la localidad se notó un aumento mínimo. «Tenemos un indicador muy certero, que es la zona azul» y no hubo un incremento importante. El fundamental visitante en Albarracín es el de la Comunidad Valenciana, así que «se notará en el futuro». Ya tuvieron un adelanto el Puente del Pilar, que hubo un gran número de visitantes, pero «no se notó a los 15 días un aumento de los casos», lo que significa que «la gente se comporta con responsabilidad», dice su alcalde, Miguel Villalta.